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Mi pasión: dirigir

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“El hombre inteligente nace aprendiendo y muere aprendiendo”: Aristóteles.

Todos poseemos más poderes de los que hemos soñado tener. Podemos hacer cosas que nunca imaginamos llegar a realizar. No existen limitaciones excepto las que tenemos en nuestras mentes, que nos impiden lograr lo que nos proponemos.

He sido un hombre de grandes retos, me he trazado varios objetivos y ahora uno de ellos es sentirme técnico, es decir, volver a dirigir.

Hace 25 años se celebra el Día del Fútbol Antioqueño, en cabeza de Mario Múnera, promotor de dicho evento, cuyos fondos siempre son para obras de beneficencia. Allí se me hizo realidad mi sueño de volver a dirigir con todas las condiciones que necesita un técnico con discapacidad.

Hoy en día mi capacidad mental está más fuerte, mis conocimientos de fútbol están vigentes, elementos fundamentales para dirigir. Obviamente tengo dificultades de movilidad, de desplazamiento y de tener un tono de voz más fuerte, pero para realizar mi sueño conformé un grupo de colaboradores.

Los asistentes técnicos serán Hernán Darío Herrera y Orlando Restrepo. Los preparadores físicos Juan Carlos Ángel, Donaldo Cardona y Alejandro Lezcano. El motivador, Luis Alfonso Sosa.

También tendré a mi disposición herramientas tecnológicas para hacer más eficaz en mi labor.

El volver a dirigir tiene para mí varios aspectos importantes:

1. Sentirme útil. En mis condiciones de limitación física, lo más común es que a uno lo hagan sentir y uno se sienta inútil, incapaz, un estorbo. Volver a mi labor es mostrarme a mí mismo y a los demás que estoy mentalmente sólido para desempeñarme como técnico.

2. Conocimientos. Ratificar que mis conocimientos sobre fútbol están claros y que se han fortalecido.

3. Volver al camerino. Tener otra vez la grata sensación de sentir el olor del camerino y de estar sentado en mi silla de ruedas en el banco de técnico, dirigiendo.

4. Dirigir. Tener la opción de volver a encontrarme frente a un grupo de jugadores, orientarlos y disfrutar de su juego.

Lo anterior es tan grande que quiero compartirlo con todos los lectores de mi columna de El Espectador y a la vez desearles un año 2012 con mucho amor, salud y prosperidad.

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