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Ante la confusión y polarización que se apoderan del país, no veo otro recurso que apelar al sentido común que nuestro emblemático púgil Kid Pambelé desempolvó hace unos años cuando dijo que era mejor ser rico que pobre.
Por supuesto que es mejor la paz que la guerra, mejor el entendimiento que la confrontación, mejor la vida que la muerte.
No es razonable lo que pasa en Colombia: se está convirtiendo la paz en una bandera hecha girones. La paz en curso no es en manera alguna perfecta, pero es la paz posible, la que da la tierra del país de hoy, el país que tenemos que asumir como materia prima para moldear con paciencia activa y tenacidad democrática el país que queremos.
Nadie entiende el encono acerbo que algunos personajes de la vida pública, inclusive expresidentes y funcionarios en altos cargos, esgrimen frente a un proceso que, en medio de enormes dificultades, se está adelantando por las partes con innegable responsabilidad tomando en cuenta requerimientos del ordenamiento jurídico propio e internacional.
Si en estas elecciones territoriales no ratificamos el apoyo al proceso de paz como lo hicimos en junio de 2014 cuando votamos en segunda vuelta para reelegir al Presidente Santos, estaríamos cometiendo un error irreparable. Comparto la tesis del jurista Rodrigo Uprimny quien ha explicado que este proceso de paz no se validará de golpe en una sola votación futura sino que ello ocurre en sucesivas intervenciones ciudadanas.
Obvio que también respaldamos y defendemos la paz cuando elegimos autoridades nacionales, departamentales y municipales que sean capaces de reparar a las víctimas, cumplir acuerdos y abrirse a una más ancha y profunda participación de las comunidades territoriales. La validación de la paz política requiere votos con las manos, en las urnas, y votos con los pies, en las calles, unos y otros son imprescindibles.
Tales intervenciones ciudadanas es necesario que sean multitudinarias, mayoritarias, entusiastas, para que no quede duda sobre la existencia de una sociedad consciente y sensible que hace propio el proceso y no lo va a dejar retroceder, reconociendo que nunca había el país llegado tan lejos en la posibilidad de terminar la confrontación mediante el diálogo sin vencedores no vencidos.
En las votaciones de estos días y en las que vendrán debería repetirse un tsunami electoral como el que ocurrió el 26 de octubre de 1997, fecha memorable en que el Mandato Ciudadano por la Paz obtuvo 10 millones de votos. Colombianos y colombianas saben expresarse de manera contundente a favor de una causa cuando ello es necesario.
Los insurgentes están contribuyendo con hechos palpables a que la paz sea creíble y por ende merecedora del respaldo ciudadano. Las FARC-EP siguen con total lealtad en tregua unilateral a lo cual el gobierno ha respondido suspendiendo los bombardeos. Timoleón Jiménez, Timochenko, Comandante máximo de esa guerrilla ha dado órdenes indicativas de una real disposición de paz: no más reclutamiento y no más entrenamiento para la guerra. Votemos bien, elijamos la paz.
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BERNARDO ARIAS FIGUEROA. Sentido homenaje queremos rendir desde aquí Eduardo Matyas y Luis Sandoval a Bernardo, entrañable amigo, fallecido el domingo 10 de octubre. Gran hombre, serio, comprometido, integral y consecuente, simpático, inteligente. Trabajador incansable, perseguía sus objetivos, siempre nobles, sin detenerse en ningún tipo de obstáculo. Bernardo fue editor de cinco libros en los últimos diez años dedicados a rescatar el legado del Padre Camilo Torres. Como él practicó el amor sincero y eficaz. Trabajaba en los 50 años de Camilo próximos a celebrarse. Fuerte y prolongado aplauso para él. Paz en su tumba.