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El 22 de mayo, 48 horas después del fracaso o, quizá más preciso, de la burla del Presidente Duque en relación con la propuesta de acuerdo nacional, el exsenador Antonio Navarro leyó por los canales de televisión un comunicado en el que “La Alianza Verde invita a los partidos que se declararon independientes (Partido Liberal, Partido de la U y Cambio Radical), a los que como nosotros se declararon en oposición y a organizaciones sociales y poblacionales, a que nos sentemos a diseñar lo que puede ser un verdadero acuerdo nacional, ante la ya demostrada incapacidad del gobierno para lograrlo. Hoy mismo empezaremos a contactarlos en búsqueda de ese propósito”.
Los considerandos que anteceden se refieren a la temprana crisis del gobierno del Presidente Duque, a que la confusión del poder ejecutivo ha creado también conflictividad y tensiones en las otras ramas del poder del Estado, el Congreso y la Justicia, a la intención y acciones del Presidente para alterar la estructura del Acuerdo de Paz con las FARC, a que el propio gobierno indujo la actual crisis cuyas consecuencias las sufre el pueblo colombiano, resaltando finalmente que “El Presidente Duque ha llamado a algunos partidos a un pretendido acuerdo nacional. Sin embargo, ningún acuerdo que excluya fuerzas políticas puede llamarse “nacional”.
Asiste, en mi concepto, toda la razón a la Alianza Verde: el país necesita un acuerdo nacional que le devuelva la esperanza, pero el camino emprendido hacia él por el gobierno es un camino inconducente. Si ello es así lo que corresponde, en consecuencia, es que un conjunto plural de fuerzas políticas y sociales emprenda, con real apertura e inclusión, el proceso para un entendimiento básico, llámese pacto histórico, pacto de Estado, acuerdo sobre lo fundamental, que encuaderne el país, permita pasar las hojas de la guerra y el odio y posibilite el juego de pluralidad con garantías para la vida, la acción y la palabra de todos los sectores, incluido el nuevo partido surgido del Acuerdo del Teatro Colón (24 de noviembre de 2016).
En puridad de verdad el país ya cuenta con el ADN del acuerdo nacional en la Carta de 1991 como lo entienden expertos constitucionalistas y como se ha señalado hace unas semanas en esta misma columna con cierto detalle. Pacto fundante, pacto constituyente, acuerdo nacional para hacer viable el país y para el trámite democrático del conflicto permanente ya existe solemnemente escrito, pero hay fuerzas que lo desconocen y actúan a espaldas de él. La Fuerza Alternativa del Común es ahora un actor político que también suscribe ese pacto en virtud de que, en lo sustancial, el Acuerdo de Paz está incluido en la propia Constitución Política. El pacto existe, pero olvidado e incumplido. Necesario desempolvarlo, visibilizarlo y darle eficacia mediante una renovada expresión de voluntad política y la adopción de medidas ampliamente concertadas para que la Constitución no siga siendo papel mojado. Ahí es donde tiene pleno sentido la propuesta del Verde. (Ver aquí)
Hay desarrollos que apuntan en la perspectiva aquí comentada: el anterior gobierno, pocos días antes de concluir, por gestión del Ministro del Interior Guillermo Rivera, logró que se suscribiera un pacto por la vida para contener el exterminio de líderes sociales, inclusive el partido Centro Democrático fue subscriptor; al presente avanza una proyecto de ley clarificatorio del tema de la extradición en la JEP, Humberto de la Calle explicó en su espacio de EL Espectador lo que ello implica; ocho (8) partidos han emprendido la tarea de formular una política en materia de cultivos de uso ilícito y drogas ante el crónico fracaso de la estrategia de USA, seguida a pie juntillas por Colombia. En materia de reforma política, sin embargo, no se advierten similares avances, pero la sensibilidad existe, en análoga situación está el tema anticorrupción que no puede dejar burlados más de 11 millones de votos que obtuvo la consulta de agosto pasado.
El país, en medio de la confusión reinante, tratando de superarla, está pugnando por un verdadero acuerdo nacional como se reclama desde distintas orillas políticas y lo demanda la inédita ola de movilización social que se advierte con protagonismo de estudiantes, indígenas, campesinos, maestros, trabajadores, mujeres, víctimas… (Cinep, informes anuales). Todos los días la prensa y las redes traen información sobre una propuesta u otra de muy disímil origen. Me he dado a la tarea de enlistarlas y me resulta un total de 12 temas sobre los cuales se hace un número considerable de propuestas. Claro, todo mundo pone sus cartas sobre la mesa en el entendido que no es viable un acuerdo nacional con exceso de temas. Vida, paz, política, justicia serían asuntos imprescindibles en un acuerdo sobre lo más elemental y fundamental. Es preciso que el Acuerdo Nacional asuma la paz como catalizador de las aspiraciones de cambio y concordia de ciudadanos y ciudadanas del común, para ello fue diseñada, no se puede perder su sentido original. .
No se trata del programa de un gobierno de unidad nacional, ni de conformar una fórmula consociativa que conduzca a un oligopolio político como el del Frente Nacional. No, de lo que se trata es de salir de la polarización absoluta, alimentadora de la violencia, y lograr un trámite democrático de las diferencias políticas y la conflictividad social para hacer viable y gobernable el país.
Alianza Verde en su comunicado anuncia que emprende contactos en la búsqueda del Acuerdo Nacional. Bienvenidas esas gestiones. La presidencia colegiada que acaba de darse el Verde conformada por Antonio Navarro, Antanas Mockus y Carlos Ramón González inspira confianza en la encomiable y ardua labor que se han propuesto. Pronto se encontrarán con decididos aliados. No es soportable un día más el nefasto esquema de orden y violencia que ha signado por dos centurias nuestro transcurrir cotidiano. Es hora de que definitivamente la violencia ceda el paso a un auténtico orden democrático. ¿Qué cosa mejor podría suceder a Colombia en el año bicentenario de la independencia nacional?
@luisisandoval – lucho_sando@yahoo.es
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