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Comprensión y diálogo

Luis I. Sandoval M.
04 de septiembre de 2012 – 03:21 p. m.

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Colombia es un problema no resuelto. Hay gran diferencia entre tener un problema y ser un problema. Colombia es un problema para sí misma.

Quiere decir que muchas cuestiones están por resolverse para que el país sea viable y sea reconocido como la casa de todos por quienes habitan sus dilatados territorios.

No todos sienten que tienen derechos y oportunidades en la Colombia de hoy. No todos consideran que es real su potestad para intervenir en la definición del destino colectivo. No todos experimentan un genuino sentimiento de pertenencia a una patria que sea la suya. Hay una discrepancia multiforme y enconada sobre el deber ser de la nación.

En muchos aspectos el país exhibe una exuberante pluralidad, pero al mismo tiempo una impresionante incapacidad para canalizar y convertir esa pluralidad en síntesis positiva. Ilustra el tema que planteo la pregunta de Posada Carbó el 31 de agosto en El Tiempo: ¿Alejados del fracaso?

Otros países han experimentado momentos como el que Colombia vive al presente. España, por ejemplo, antes de la terminación del régimen franquista. Los países del Cono Sur en medio de las dictaduras militares. Los países del Este antes de la caída del Muro de Berlín. Estos momentos requieren una pedagogía de la comprensión.

Esa fue una lección que aprendí muy joven por la feliz circunstancia de que en respuesta a mis inquietudes juveniles un buen maestro puso en mis manos, año 60 quizá, un pequeño libro del jesuita español Luis Alonso Schokel que se refería a esa pedagogía societal. No era un libro religioso, era una reflexión sobre España como problema y las múltiples actitudes que los españoles asumían frente a la España real, la deseada y la posible.

Como España entonces, como otros países antes de sus respectivas transiciones, Colombia requiere una pedagogía de la comprensión si quiere dejar de ser un problema para sí misma.

Entre las actitudes que Schokel enumera se cuentan la dogmática, la crítica, la dilemática, la precavida, la apologética, la polémica, la reflexiva, la pensativa, la condenatoria, la comprensiva, la humorística, la curiosa, la científica, la sistemática, la problemática, la inquieta, la dócil…

Estas mismas y quizá otras como la belicosa pueden estarse adoptando hoy en Colombia a propósito de hacerse público que efectivamente se están dando cautelosos pasos por parte de gobierno e insurgentes con miras a clarificar un camino que lleve a la paz. Es preciso que se dé una práctica social que permita pasar de la entropía a la sinergia, que permita que las fuerzas centrípetas primen sobre las centrífugas, que del enfrentamiento evolucionemos hacia el entendimiento.

Esa práctica social necesaria no es otra que la del diálogo, con el sentido dialéctico que el diálogo real tiene y con la ampliación que él gana a través de las nuevas tecnologías. “La conversación /el diálogo/ tiene el poder de generar nuevas realidades. Allí está el ADN de la cultura. La forma de hacer transformaciones políticas y culturales está cambiando, porque el modo en el que las ideas están siendo creadas, difundidas e implementadas está evolucionando; los medios sociales han sido y son los principales responsables de esta transformación, ellos permiten que todo aquel que tiene algo que decir pueda conectarse con grupos de personas, e inclusive liderar un movimiento” apunta Carlos Lemoine del Centro Nacional de Consultoría.

Comprensión y diálogo útil han estado en la vía de la transición a la democracia en España, el Cono Sur, Europa del Este. Comprensión y diálogo útil han antecedido la paz en Suráfrica, Irlanda, Centroamérica. El diálogo auténtico crea nuevas realidades. Comprensión y diálogo inseparables.

lucho_sando@yahoo.es 

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