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Después de la agitación que se vivió alrededor de la retención (Fiscal General) de dos soldados en Arauca y de un general de la república, un cabo primero y una asesora jurídica del ejército en el Chocó, vale la pena resaltar una de las ganancias de esos episodios: el surgimiento de la mediación en la arquitectura de las conversaciones de paz que se desarrollan sin que cesen las hostilidades ni se reduzca su intensidad.
El hecho básico que comienza a generar esta nueva figura es que Cuba y Noruega, países garantes, intervinieron a pedido de las partes – el Gobierno y las FARC-EP- para buscar aproximaciones y superar el impase que condujo al Presidente de la República Juan Manuel Santos a suspender las conversaciones “mientras este asunto no se resuelva”.
La intervención mediadora, aunque no se conocen detalles, fue exitosa en su cometido porque, con cierta demora pero sin ningún trauma, las personas retenidas fueron liberadas, incluido el general Rubén Darío Alzate quien era Comandante de la Fuerza de Tarea Titán, con 2500 hombres bajo su mando en 22 municipios del Chocó y 2 de Antioquia, hasta la frontera con Panamá.
Logrado el acuerdo, mediante la intervención de Cuba y Noruega, que incluía la presencia, al momento de la entrega y para facilitarla, de uno de los negociadores por la guerrilla en La Habana, el Comandante Pastor Alape, el Comité Internacional de la Cruz Roja CICR fue el encargado de organizar todo el operativo en las condiciones pactadas por las partes.
La prensa del 4 de diciembre (Tiempo, Espectador) informa: “Luego de dos días de conversaciones con presencia de Cuba y Noruega, países garantes del proceso de paz, los negociadores del Gobierno y de las Farc acordaron blindarlo de futuras interrupciones con un “mecanismo permanente”, por medio de estos países. Entre el 10 y el 17 de diciembre van a discutir mecanismos para desescalar el conflicto armado”.
Tardíamente en el Caguán se había llegado a la conclusión a la que ahora se llega, en mi concepto, oportunamente. Se estableció entonces una Comisión, presidida por Monseñor Alberto Giraldo, Presidente de la Conferencia Episcopal, para que planteara soluciones ante la cascada de incidentes que se presentaba. Cuando se produjo el secuestro del avión en que viajaba el Senador Gechen Turbay, nada pudo hacer la Comisión. Creo que no ocurrirá lo mismo con la misión que ahora se confía a los países mencionados.
Un proceso serio y bien estructurado de ordinario prevé y permite que actúe un mecanismo de mediación, más aún cuando el método aceptado es el de dialogar en medio del fuego. Pero no solo los incidentes bélicos necesitan mediación, la necesita también el trámite de diferencias relacionadas con la agenda y los pasos para la terminación del conflicto que son los que precisamente se abocarán de inmediato en la mesa.
La mediación tiene que ser muy consciente de las que Jesús Bejarano, Negociador de Paz en Caracas, Gobierno de Gaviria, 1991, llama “las incompatibilidades” o grandes diferencias por tramitar: “aparecen con igual énfasis los derechos humanos /víctimas/, el problema de la democratización, los aspectos socioeconómicos y los aspectos militares” (1995). La mediación, quizá tenga que hacerse sentir y jugar a fondo cuando se aplique, al final, el principio de que “nada está pactado hasta que todo esté pactado”.
Políticamente un movimiento social de paz tendrá que ocuparse de una suerte de “mediación estructural” entre la insurgencia y el establecimiento de tal manera que a la pervivencia de instituciones republicanas se agregue el plus de la equidad social y la dignidad nacional.
lucho_sando@yahoo.es / @luisisandoval