El general Manuel José Bonnet Locarno

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Tuve oportunidad de encontrar en varias ocasiones desde los años 70 al general Bonnet, pero no puedo presumir de haber sido su amigo, aunque él me trataba con una amabilidad y deferencia que me sorprendían. El general conoció mi postura crítica frente al orden social imperante en el país y mi actividad sindical, política y académica. 

La primera vez que lo encontré fue la víspera del 1° de mayo de 1973 cuando en casa de Ricardo Bonnet, su hermano, en el barrio Eduardo Santos, preparábamos una pancarta para la marcha del día de los trabajadores. El oficial llegó en jeep militar descapotado a hacerle una rápida visita a su hermano, destacado intelectual de izquierda. Solo se demoró algunos minutos, se tomó un tinto y expresó algo así como “preparen bien la marcha, mañana estaremos cuidándolos”. 

Ricardo falleció hace algunos años en Ciénaga, población de origen de la familia Bonnet, después de haber vivido durante décadas en Suecia. Varias veces encontré al general en eventos de Fescol (Friedrich Ebert Stiftung de Colombia) cuando era oficial activo, comandante de las Fuerzas Armadas, y luego estando ya en uso de buen retiro. Una de ellas fue en 2003, en plena campaña para las elecciones territoriales que tuvieron lugar en octubre de ese año.    

En un corrillo de conversación en el salón de Fescol pregunté a quienes estaban al frente si tenían interés en apoyar con su voto a Lucho Garzón, en ese momento candidato a la Alcaldía de Bogotá por el recientemente constituido Polo Democrático. El general fue el primero en comentar y responder positivamente, también el historiador Álvaro Tirado Mejía, y otras personas a quienes no recuerdo en este momento. La prensa le dio despliegue a esta adhesión destacando la postura del general. 

Poco tiempo después volvimos a encontrarnos en la Universidad del Rosario con ocasión de un curso para funcionarios distritales en el cual participé como profesor invitado. El general fue mi vecino durante varios meses en los espacios para docentes habilitados en el Palacio de San Francisco ya adquirido por la Universidad. Las conversaciones que sostuvimos entonces, sin mayor apremio de tiempo, me permitieron apreciar más a fondo su vasta cultura, sus acendradas convicciones democráticas, su sensibilidad social y su extraordinaria calidad humana. “Hola, Lucho, usted qué piensa de esto”, y así se prendía la conversación con un buen café que nosotros mismos nos servíamos. 

Otro general al que tuve oportunidad de tratar en la segunda parte de los años 80 fue José Joaquín Matallana Bermúdez cuando impulsábamos el movimiento político Colombia Unida junto con el exprocurador Carlos Jiménez Gómez, el excanciller Alfredo Vásquez Carrizosa, el maestro Orlando Fals Borda y el investigador Pedro Santana. 

Tanto Matallana como Bonnet dejaron honda huella en mi espíritu. Ellos contribuyeron a hacer comprender que existe diversidad de opiniones dentro de las Fuerzas Armadas, no división, sobre el país, sus problemas y sus alternativas. Matallana y Bonnet, tan diferentes en muchos aspectos conceptuales y prácticos, fueron ambos convencidos de la bondad de la paz política, obtenida mediante diálogo y negociación.

Constato y celebro que los militares de hoy se alejan cada vez más de las concepciones que primaron durante largo tiempo originadas en el famoso discurso del presidente Alberto Lleras Camargo en el Teatro Patria (9 de mayo, 1958), comienzo del Frente Nacional, en los esquemas de la Guerra Fría, la doctrina de la seguridad nacional y la visión del enemigo interno.

Hay que terminar de superar la brecha aún existente entre sociedad y Fuerzas Armadas y de policía guiándonos por principios como estos: todos nos aferramos al monopolio garantista de la fuerza en el Estado. El poder militar reconoce la preeminencia del poder civil y respeta el juego político de pluralidad en democracia. Nunca la fuerza armada estatal es usada por unos para desconocer o conculcar libertades y derechos de otros. Las expresiones alternativas reconocen la legitimidad de la fuerza armada que actúa en el marco constitucional. Definitiva para la paz duradera la mutua confianza entre fuerza armada y sociedad. 

Asistí a las solemnes exequias del general en la Escuela Militar de Cadetes y pude expresar mis condolencias a la familia a través de Pedro, otro de sus hermanos, a quien también conozco. El general Manuel José Bonnet Locarno (1936–2018) fue, sin duda, un precursor de los nuevos tiempos que vive el país con el fin del enfrentamiento armado interno y el comienzo de la transición a una era de paz. Honor a su memoria.  

lucho_sando@yahoo.es

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