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El pulso entre la guerra y la paz

Luis I. Sandoval M.
05 de septiembre de 2013 – 05:00 p. m.

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La realización de Semana por la Paz (8-15 septiembre) encuentra una compleja situación en la que se mezclan los diálogos de paz con un movimiento insurgente (las Farc), la búsqueda de condiciones para iniciar diálogos con el otro movimiento (el ELN), el comienzo de la campaña política para Congreso y Presidente de la República (marzo – mayo/junio 2014), la ocurrencia de sobresaltos en la Mesa de diálogo y fuera de ella por anuncios o decisiones unilaterales de las partes, el impacto negativo de las acciones de guerra en la opinión y, sobre todo, la explosión de un sinnúmero de protestas sociales originadas especialmente en el mundo rural.

Realmente el país es escenario de un cerrado pulso entre guerra y paz. La orilla de la guerra es diversa y la orilla de la paz también lo es. La definición del pulso estará ligada a la mayor iniciativa, la mayor cohesión, la mayor convergencia que una de las dos orillas logre obtener en los sucesivos momentos de la vida política en el año político que se inició este siete de agosto.

Se supondría que en las diferentes ramas del Estado, o  al menos del gobierno, existe unidad en relación con el propósito de alcanzar la paz mediante el diálogo con movimientos armados a los que se reconoce el carácter de insurgentes políticos. La suposición se soporta en el hecho de que hay una mayoría política, una coalición de gobierno donde existe un amplio bloque de partidos que rodea al Presidente de la República. 

Es claro que hay ramas del poder y altos funcionarios que no comparten el objetivo y el camino de paz que representa el Presidente. Una es la posición de éste y de las mayorías parlamentarias y otra la del Procurador General de la Nación. Parecería que el Fiscal General está más cerca del Presidente que del Procurador y lo propio puede decirse de las Altas Cortes según sus fallos y declaraciones. El Ministro de Defensa y los generales declaran sujeción al poder civil, pero sus palabras y sus acciones son de confrontación y belicismo dentro del esquema que el propio Presidente ha querido y definido de conversaciones en medio del conflicto.        

Es claro que en la sociedad, en su inmensa pluralidad y diversidad, existen también los partidarios de la paz dialogada y los partidarios de la paz militar.  Lo más simple que puede decirse es que la sociedad refleja o reproduce las posiciones que se expresan en el Estado y en el gobierno, pero más allá de ello en su seno existe un factor, una presencia, una dinámica diferente que no se refleja en los espacios estatales y gubernamentales nacionales. 

Esa presencia es la de un movimiento social de paz, no partidista, que tiene una riqueza extraordinaria, acumulada en las tres últimas décadas, y que al presente se expresa en sorprendente movilización por objetivos sociales (educación, salud, justicia, tierras, territorio, reparación, trabajo, pensiones, modelo…). 

Esa sociedad civil y política que apoya la paz negativa (terminación del conflicto armado), pero que ante todo quiere y sabe de paz positiva (derechos, democracia, convivencia, justicia social, dignidad…) es la que se hará visible en miles de acciones en todo el país durante la Semana por la Paz. La 26ª Semana por la Paz está diseñada para contribuir a fortalecer el músculo de la paz. El país lo sentirá el viernes 13 de septiembre a las 12 del día con la algarabía que dirá sí a la paz, sí a la vida digna, sí a los acuerdos, sí a la terminación del conflicto.  

lucho_sando@yahoo.es 

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