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Fuerzas armadas y paz

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“En la mesa de negociación deben estar preferiblemente los representantes de alto nivel, investidos con la debida plenipotencia…, incluyendo a los militares, porque la paz no puede hacerse a espaldas de las fuerzas armadas” (1998).

Esa la insistencia durante años de Augusto Ramírez Ocampo, exalcalde de Bogotá, exministro de Estado (Relaciones y Desarrollo), Representante del Secretario General de la ONU en el proceso de paz de El Salvador, integrante de la Comisión Nacional de Conciliación.

En ningún diálogo anterior con las guerrillas se había llamado a los militares a la mesa de conversaciones. El Presidente Santos, Comandante constitucional de las Fuerzas Armadas, tuvo el acierto de hacerlo y los militares han tenido la madurez para asumirlo y empeñarse en ello con lealtad y responsabilidad. Interesados en alterar esta postura no lo han logrado.

En el actual proceso ha sido especialmente difícil la participación directa de los militares en el equipo negociador por cuanto el método acordado fue el de diálogos en medio del conflicto; y más difícil aún dado el hecho de la polarización existente en el seno de la sociedad colombiana sobre la validez y condiciones del proceso que, de alguna manera, los ha tocado a ellos.

En una sociedad con instituciones mínimamente democráticas el poder civil obedece a la voluntad de la ciudadanía libremente expresada y las fuerzas armadas, a su vez, obedecen al poder civil legítimamente constituido. Ello se acepta universalmente desde que queda constituido el Estado moderno en el siglo XV.

Ya a comienzos del siglo XVI Nicolás Maquiavelo da la batalla en la Ciudad-Estado de Florencia (Italia) para que ésta tenga un ejército de ciudadanos y no de mercenarios como era la costumbre. Pronto ese ejército propio tuvo éxito en recuperar Pisa que se había sustraído al dominio de Florencia con apoyo de otros países y reinos. Para eso es el ejército moderno para defender soberanía e integridad territorial de la nación.

Tengo la firme convicción de que soldados y policías en la Colombia de hoy, con sus oficiales a la cabeza, van a ser, ya lo son, decididos y efectivos coautores de la paz. Me gusta mucho oírles decir que nadie anhela más la paz que quien ha tenido que soportar los rigores de la guerra. El que combate, lo dicen los soldados, lo declaran también los guerrilleros, no lo hace por la guerra en sí, sino por alcanzar una paz justa.

Cuando termina un conflicto armado interno son muchas las cosas que cambian en un país. Pero en ningún caso se debilita la fuerza pública que ahora tiene la enorme responsabilidad del monopolio de la fuerza para aplicarlo con equilibrio y dignidad como corresponde en el marco del Estado social de derecho. Los cambios en las fuerzas y en el gasto militar nunca pondrán en riesgo el cumplimiento de su misión fundamental.

El Presidente Santos y el General Mora recorren las guarniciones militares a fin de informar sobre el proceso. Es una labor necesaria para lo cual, sin duda, la persona más calificada es el General Mora. El hace un valioso aporte con extraordinaria solvencia y mucha prudencia en sus expresiones privadas y públicas. Ya lo volveremos a ver reintegrándose a la mesa de La Habana.

El cese de fuego bilateral se aproxima. La sociedad exige que este momento llegue pronto, muy pronto, porque necesita dejar de ser víctima y pasar a ser actor central del nuevo orden. Esta sociedad será más afecta a sus fuerzas armadas y éstas más compenetradas con los fines sociales y democráticos de la sociedad. Así necesitamos que sea.

@luisisandoval

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