Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Movilización. El 7 de agosto el gobierno de Iván Duque es recibido con presencia de movilizaciones en plazas y calles, inclusive del exterior, en rechazo a políticas anunciadas. Los estudiantes han realizado seis grandes movilizaciones pacíficas para exigir superación del déficit crónico de la educación pública superior. El Gobierno se precipita a pactar con los rectores lo cual crece la inconformidad y lleva a mayores acciones colectivas el 8 de noviembre en las cuales aparecen ya brotes de violencia. Presidente dice reconocer la protesta, pero ministros suyos piensan, dicen y hacen otra cosa.
Líderes. Continúa con creciente gravedad el exterminio de líderes y lideresas sociales, a pesar de los pactos de garantías firmados por los gobiernos saliente y entrante. 219 asesinados este año, 273 amenazados (Indepaz). No va el país camino de consolidar el monopolio de la fuerza en una institucionalidad garantista.
Venezuela. El presidente Duque asume a Nicolás Maduro como dictador, amenaza con denunciarlo ante la Corte Penal Internacional y se monta en la presión diplomática y económica al tiempo que declara que no le juega a la idea de la intervención militar. Si se produjera alguna acción armada contra Venezuela por parte de EE. UU. y/o de sus aliados en América Latina, no se descartaría una escalada del conflicto con el involucramiento de China, Rusia e Irán… ¿Querrá Duque embarcarse en esta aventura descabellada? El embajador en Washington hace declaraciones contrarias a las del presidente.
Estados Unidos. En varios sensibles asuntos el Gobierno de Iván Duque sigue la política dictada por EE. UU.: asedio político y económico a Venezuela, erradicación y fumigación forzada de cultivos de coca sin atender a la situación socioeconómica de los campesinos, ¿también extradición contraria a la consolidación de la paz? En el escenario geopolítico Colombia juega como socio global de la OTAN.
Pacto por Colombia. Cuando Iván Duque triunfa el 17 de junio se dice que el principal reto del presidente es acabar la polarización. Él plantea reiteradamente el Pacto por Colombia, pero no tiene estrategia ni escenarios previstos para encontrarse y entenderse con la oposición dentro de la cual su más connotado líder, que tuvo ocho millones de votos y tiene curul de senador de la República, reclama, a su vez, un Acuerdo sobre lo fundamental. Ni siguen a Duque sus copartidarios en la idea del pacto.
A través de los hechos referenciados se aprecia que el Gobierno y los partidos de gobierno no miran hacia el mismo lado en cada momento y tema. Ya la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, desde antes de la posesión, había dicho: “Una cosa es el Centro Democrático y otra cosa es el Gobierno”.
La ingobernabilidad y ausencia de liderazgo se expanden. Esa manera insegura y oscilante de gobernar es lo que permite hablar de que el presidente lleva 100 días en la cuerda floja. No como un acróbata o funámbulo, que no lo es, sino como una persona que, por inexperiencia y por falta de cohesión de las sedicentes fuerzas de gobierno, balbucea y tuntunea.
A pesar de cierto orden que el Estatuto de Oposición y la Ley de Equilibrio de Poderes tratan de introducir en el juego político con bancadas de gobierno, oposición e independientes, el proceso político sigue altamente confuso. Ni siquiera se está conformando un “partido presidencial” como algunos pensaban que ocurriría.
A la flamante coalición electoral que llevó a Duque a la Presidencia, con presencia prácticamente unánime de las fuerzas del establecimiento, tradicionales y emergentes, le está quedando grande gobernar el país, orientar con sentido de equidad el desarrollo, darles salida democrática a los legítimos reclamos sociales y cumplir las tareas de la paz.
Claro que tres meses es un tiempo insuficiente para hacer un balance, pero ello no impide señalar que el presidente Duque, no obstante su talante conciliador, tranquilo y técnico, no está jugando a fondo la carta del Acuerdo por Colombia que ofreció en la posesión y del cual sigue hablando.
El país necesita un entendimiento básico que lo haga viable, el cual incluya reglas de juego democráticas para el trámite del conflicto social permanente, con garantías reales para la vida de todos, en todas partes. A ello deberían contribuir los gremios económicos que tanto peso tienen en el Gobierno.
Ese entendimiento es preciso lograrlo con quienes son la real oposición, no con una pseudo-oposición creada ad hoc con personajes de su propio campo. Tamaña burla a la democracia sería muy grave para el país.