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Imposible no reconocer el alcance de hechos inéditos en la historia del conflicto colombiano, y de los intentos por superarlo mediante el diálogo, que se produjeron la semana pasada: el Acuerdo Especial para blindar el fin de la guerra, el llamado del Senador Uribe a la resistencia civil a los acuerdos en ciernes, el consiguiente llamado del Presidente Santos a respaldar la paz con movilización y el Mensaje de Timoleón Jiménez (Timochenko) al Senador Uribe y al país que plantea “un acuerdo político para reordenar entre todos la nación colombiana”.
Humberto de la Calle muestra cómo los Acuerdos Especiales previstos por el DIH pueden servir para terminar una guerra interna: “Si los Acuerdos Especiales buscan aminorar los estragos de la guerra, ¿qué mejor herramienta que darla por terminada? ¿No es el fin del conflicto la mejor protección para todos?”. Si las víctimas son prioridad, acabar la guerra es la más efectiva acción humanitaria. Imaginativa y audaz la tesis, polémica sin duda, quizá represente una innovación en el DIH, pero no es descabellada. Rodrigo Uprimny manifiesta nítidamente que la comparte (EE, Mayo 8). “Un aterrizaje viable para la paz” editorializa este diario el domingo 15.
Intervendrán Congreso, Corte y ciudadanía: todos los actores concuerdan en que además del blindaje jurídico es indispensable el voto popular masivo para la legitimación democrática del acuerdo final.
En su pertinaz oposición al sorprendente proceso que se está cumpliendo el Senador Álvaro Uribe ha resuelto llamar a la resistencia civil, empleando la expresión con sentido distinto al que le dieron históricamente Gandhi, Luther King, Mandela. Ellos lideraban la oposición a la guerra y la violencia por medios de radicalidad pacífica. Uribe la esgrime contra los pasos hacia la paz por considerar que conducen a la impunidad de delitos atroces y a la participación política de quienes los cometieron. “Esta bandera, observa Semana (mayo 15), es taquillera pero no es totalmente realista: en todos los procesos de paz de la historia se busca que los alzados en armas las cambien por votos”. Con ello Uribe exacerba la polarización y les da razones a fuerzas oscuras: mafias, bandas criminales, grupos armados organizados, muchos herederos del paramilitarismo, que hasta paros armados se atreven a convocar aparte de agredir selectivamente a líderes sociales, de paz, derechos humanos y reclamantes de tierras.
A lo anterior el Presidente Santos responde sin demora: “A esa resistencia civil le vamos a responder con una movilización social contundente a favor de la paz porque el país lo que quiere es que no haya más guerra” (El Tiempo, mayo 14). Si esto se hace el proceso habrá dado un salto cualitativo de enormes dimensiones.
Ahora, más que antes, el campo está abierto para la iniciativa ciudadana, el Consejo Nacional y Consejos Territoriales de Paz, las plataformas de paz: Frente Amplio, Clamor Social, Cumbre Agraria, el empresariado comprometido con el fin del conflicto, las comunidades de fe, las universidades, los jóvenes… Comienzan a darse condiciones para una arrolladora ola de acción multiforme y polifónica en favor de la paz.
Cierra este cuadro de hechos impactantes el mensaje que el sábado pasado envía el jefe de las FARC-EP al Senador Uribe: “Estamos dispuestos a conversar tranquilamente con usted sobre el futuro de nuestra nación… Proponemos al país entero un acuerdo político para reordenar entre todos la nación colombiana”.
Ayer el Senador Uribe respondió a Timochenko, importante que se abra camino un verdadero dialogo nacional sobre el acuerdo político para la paz.
No hemos salido todavía del laberinto, tampoco es plena la luz al final del túnel, pero el panorama comienza a despejarse…