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Esta columna ha mantenido la postura de propiciar un entendimiento amplio entre fuerzas de centro izquierda para crear una opción cierta de victoria en primera vuelta de las elecciones presidenciales el 27 de mayo.
Muchas razones se han dado, importantes iniciativas se han adelantado durante meses, con gran discreción pero sin desmayo, por parte de personas y grupos, para facilitar aproximaciones. Simultáneamente se ha producido una acción pública impresionante desde infinidad de sectores a nivel regional y nacional, incluida la diáspora, para demandar entendimiento entre fuerzas y candidaturas progresistas.
Ni gestiones de aproximación, ni llamamientos públicos, lograron producir lo que era más deseable y razonable, la consulta entre esas tres grandes vertientes, y otras fuerzas renovadoras presentes en el escenario político, en las dos oportunidades posibles: 19 de noviembre u 11 de marzo.
Finalmente, compartiendo puntos centrales (paz, transparencia, equidad), quedaron en libre competencia tres agregados parciales: las candidaturas del Partido Liberal y ASI con Humberto de la Calle y Clara López, Coalición Colombia (Compromiso Ciudadano, Verdes y Polo), con Sergio Fajardo y Claudia López, y Colombia Humana MAIS, con Gustavo Petro y Ángela María Robledo.
El hecho de no haber podido llegar al acuerdo de una sola y gran consulta se constituyó en la mayor falencia para crear una opción cierta de cambio habida cuenta de que todo el tiempo los progresistas tenían mayor favorabilidad de voto que sus contendores conservaduristas.
Aún hoy jueves 10 de mayo, momento en que escribo, los cálculos de Cifras y Conceptos indican que sumados Iván Duque 34,0% y Germán Vargas Lleras 13,2% tendrían el 47,2% de favorabilidad, mientras sumados Humberto de la Calle 3,0%, Sergio Fajardo 13,8% y Gustavo Petro 22,5% tendrían el 49,3% de favorabilidad. Se desaprovechó la potencia multiplicadora de la unión.
Los tres del centro izquierda han dado lo mejor de sí en el camino hacia la primera vuelta (columna anterior), pero sin duda descuella la campaña admirable que han hecho Gustavo Petro y Ángela Robledo lo cual se refleja en la avalancha de adhesiones, verdadero tsunami, que están recibiendo. Inédita la decisión prácticamente unánime de los movimientos sociales de participar en política y de hacerlo rodeando la Colombia Humana.
En décadas se había visto algo parecido en la política colombiana: Gustavo y Ángela son sólidos y coherentes en los debates, llenan plazas y calles, son los más presentes en redes, recogen la inconformidad, se atreven a señalar a los responsables de la debacle ética, social y política, suscitan confianza, abren horizontes de esperanza, generan entusiasmo…
Su lógica es la de la vida, su programa se sintetiza en vivir, buen vivir y convivir. Con ellos el país puede estar claro y seguro de avanzar en la realización de un verdadero estado social democrático de derecho, amigable con la naturaleza, abierto a los vecinos y al mundo.
Él y ella mantienen el llamado al entendimiento. Petro ha sido reiterativo hasta el cansancio en contar con todos y ha anunciado que si el pueblo colombiano lo favorece con el voto, como todo indica que ocurrirá, hará un gobierno de entendimiento nacional y buscará construir un acuerdo de bancadas políticas en el Congreso de la República para asegurar gobernabilidad.
La perspectiva no es solo ganar las elecciones, hoy o mañana, el propósito central es instalar en el paisaje político la presencia de un sujeto político plural transformador que gobierne la transición en la década que se abre.
Con Gustavo Petro y Ángela Robledo habrá decisión de cambio sin trauma institucional. Por eso mi voto será por él y ella el 27 de mayo.