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Paz: dichos, hechos y trechos…

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No es fácil en Colombia saber si la paz se acerca o se aleja, sobre todo no es fácil saber si los que hablan de ella la quieren o no, y no hemos terminado de establecer si las paz es asunto que atañe solo a los armados o si también los desarmados tenemos que ver de manera determinante.

Por lo que se dice y pasa desde el 7 de agosto de 2010, posesión del Presidente Santos, así sea inestable y contradictorio, yo tengo la impresión de que no se ha perdido la llave de la paz política, pero no son fáciles los  caminos de la paz.

Haber planteado el problema de la tierra, primero en el nivel de la restitución a los despojados y desplazados por la violencia paramilitar y mafiosa, y ahora en el nivel más estructural del desarrollo rural, es de por sí una buena entrada hacia la paz. Pero hacerlo sin una afectación seria de la tenencia y uso de la tierra en el contexto del siglo 21, sin asegurar condiciones económicas y políticas efectivamente democráticas y sin una decisión a fondo por la organización y movilización campesina aleja la posibilidad de que esta política contribuya eficazmente a la paz.

Las guerrillas han dicho reiteradamente por videos y cartas “queremos hablar (lo han seguido diciendo a pesar de la muerte de sus grandes jefes), planteamos tregua bilateral, queremos regulación del conflicto, hacemos liberaciones unilaterales como gesto de paz, no volvemos a utilizar el secuestro como recurso de financiación revolucionaria, retomemos las agendas que quedaron pendientes en la Habana (Eln) y en el Caguán (Farc)”.

Las insurgencias prestan alguna atención a iniciativas ciudadanas y sociales como las de Colombianos y Colombianas por la paz, la Marcha Patriótica (julio 2010), el Encuentro Campesino de Barranca (agosto 2011), el Congreso de los Pueblos (octubre 2011), las Constituyentes Locales.  En contraste, sin embargo, cuando uno escucha a la gente de las regiones desde la Guajira hasta Nariño y toma en cuenta las informaciones diarias de prensa tiene la impresión que el conflicto en parte estaría recuperando la intensidad de momentos anteriores: las Bacrim y autodefensas se multiplican y coordinan, hasta atreverse a un paro armado como el efectuado en la Costa Caribe en el pasado enero, mientras las guerrillas, a su vez, muestran una capacidad que ya parecía inexistente y ahora están realizando paro armado en todo el departamento del Chocó (Nuevo Arco Iris: Política y Violencia en 2011 – Las cuentas no son tan alegres).

Parecería que se profundiza una brecha en las élites al más alto nivel en relación con estrategias centrales económicas y políticas, que implican modelos de gobierno diferentes y manejos también diferentes del conflicto y la paz. Unos quieren decididamente la guerra mientras otros, distanciándose, aún no quieren decididamente la paz. Es preciso romper inercias del pasado. La sociedad tiene que decidirse a ser actor determinante por su iniciativa, sus propuestas, sus buenos oficios, su capacidad de presión e incidencia. Discreta y eficaz, la sociedad no requiere gran figuración ni puesto en la mesa de negociación para cumplir un papel de mediación estructural entre el establecimiento y la insurgencia. Las iniciativas regionales y nacionales de paz adelantan diálogos hacia una agenda común para restablecer el consenso por la paz en la cual sobresalen las propuestas de Congreso de Paz, Diplomacia por la Paz y Semana conjunta por la Paz.

Se anuncian nuevos movimientos y marchas de fuerzas sociales y políticas por la paz. Existe una potencialidad no desplegada de iniciativa política y de movilización desde abajo hacia la paz.

lucho_sando@yahoo.es

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