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Existe en Europa una enorme disposición a cooperar en la construcción de la paz en nuestro país. Necesitamos sumar esas competencias y recursos a los esfuerzos propios.
Se advierte una gama amplia de posibilidades desde apoyo para la verificación del cese bilateral de fuegos hasta la reconstrucción integral de territorios a la manera de Plan Marshall, pasando por reconversión profesional de guerrilleros y potenciamiento de política pública y acciones de sociedad orientadas a la reparación integral, individual y colectiva, de millones de víctimas. La modalidad del hermanamiento entre ciudades, regiones, universidades, ongs, resurge como una forma de concretar la cooperación a la construcción de paz.
Tal cooperación tiene para canalizarse distintas y complementarias vías institucionales y societales. La cooperación de la comunidad internacional a la paz requiere iniciativas propias de sociedad. Acceso a los fondos creados por el gobierno y creación de un fondo especial para proyectos territoriales de paz que adelantan comunidades, iniciativas, redes, programas, plataformas, alianzas y pactos por la construcción de paz sustantiva, estable y duradera, son necesarios.
El apoyo directo a comunidades y actores civiles de paz beneficiará ampliamente la organización, participación y movilización indispensables y urgentes para el éxito de los programas públicos en la transición. Sin sociedad organizada y movilizada no se realizarán los programas y reformas más indispensables. Es preciso superar en los ambientes gubernamentales, empresariales y políticos, el temor a la participación autónoma de la gente.
Colombianos y colombianas en el exterior, muchos exiliados políticos, también quieren participar en la construcción de la paz, unos desde los lugares donde están, otros retornando a la tierra de sus afectos con la experticia que han adquirido en duros y largos años de estudio y trabajo. Esta dilatada diáspora tiene, sin duda, un papel que cumplir al momento de dar por terminado el conflicto armado interno.
Europa estremecida por extremismos de distinto tipo y por la inmigración masiva política y económica del oriente próximo y de África, paradójicamente cuando ella misma se embarca en una guerra incierta contra el Estado Islámico, se dispone a apoyar la paz de Colombia. Complejo panorama. Un contexto europeo y global de crisis civilizatoria y cambio de época constituye el trasfondo de la transición colombiana de la guerra a la paz.
En el sur caribeño y amazónico los actores de paz y de cambio nos inscribimos en la agenda global emancipatoria que adquirió nueva fuerza con ocasión de la Cumbre del Clima –COP21- realizada en París entre noviembre 29 y diciembre 12 de 2015. Esta cita de gobiernos y pueblos a nivel planetario, en algunas de cuyas actividades tuve ocasión de participar, estableció claramente que el combate al cambio climático producido por excesos humanos es parte del proyecto de paz con justicia social, dentro de la cual, para que sea completa y auténtica, no puede faltar la justicia ambiental. “Por un clima de paz: dejad el petróleo en el suelo” gritó una multitud cosmopolita en las históricas plazas de Nación y República y a lo largo del Bulevar Voltaire de la Ciudad Luz.
Estuve durante 2015 estrechamente vinculado a algunos de los acontecimientos nacionales e internacionales que generaron esperanza sobre la epifanía de paz en 2016. El periplo de paz por La Habana y ciudades europeas fue una experiencia especialmente aleccionadora por las circunstancias que se vivieron en el mes de noviembre y diciembre con epicentro en París. En este contexto la paz no llegará por inercia sino como fruto de compromiso y lucha de un movimiento social que teje la paz con mano ciudadana en Colombia y en el mundo entero.