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El nombre se debía quizás a las situaciones cercanas al absurdo, usualmente con damas de empuje dominando a los pobres tímidos galanes. Las grandes producciones del género ocupan lugar de privilegio en la historia del cine clásico y verlas hoy día trae algo de la frescura que está tan ausente en el cine contemporáneo. Claro que aún se siguen filmando comedias, pero estas usualmente no buscan las situaciones que lleven a la risa, sino que su sutileza elimina muchos vestigios de humor.
Muchos consideran que el cine de nuestros días tiene una tendencia excesiva a la violencia; que se han abandonado los argumentos y que estos han sido reemplazados por alardes técnicos. Eso ha hecho que cada vez más haya una inmensa minoría que gravita hacia el cine clásico, en el cual encuentran muchos de los valores que ignoran los productores de estos tiempos.
Claro está que el cine, al igual que cualquier arte que se respete, ha evolucionado y no se puede pedir que se vuelva a los métodos y técnicas de ayer. Sin embargo, es igualmente cierto que el cine aún no ha podido hallar un camino que muestre que se ha logrado un contenido que muestre tendencias donde se note el avance de los conceptos artísticos. Lo que hay es una serie de películas aisladas de mérito y una inmensa cantidad de la cual se puede tener la triste confianza de que nadie las recordará mañana, así hayan ganado toda clase de premios y hayan sido un gran éxito de público.
Pero la mayor víctima ha sido el humor en el cine. No son muchas las comedias de nuestros tiempos que tengan la gracia y el deseo de hacer reír que caracterizaba el cine de ayer. Esto desde luego hay que lamentarlo, porque el cine es (o debe ser) un reflejo de la sociedad y la impresión que dejan las cintas de hoy son de una seriedad ocasionalmente apabullante.
Afortunadamente está a nuestro alcance todo ese gran cine de humor de ayer, que puede se ver en diferentes formatos y eso compensa lo que no nos da el cine de nuestros días.