¿Acertó la Corte Constitucional en no prohibir la prostitución en zonas de tolerancia?

Mar Candela
25 de febrero de 2019 – 05:07 p. m.

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No solo acertó, sino que hizo lo que tenía que hacer. Era su deber.

Antes de profundizar en esta cuestión quiero detenerme en el concepto de zona de tolerancia. La palabra “tolerancia” viene de una palabra en latín que significa la “cualidad de quien puede aguantar, soportar o aceptar”. En ese sentido, encuentro la palabra problemática porque la vida sexual de las personas no debería ser un asunto de nadie. Por lo tanto, no es un tema que debería tolerarse. Si de mí dependiera, yo denominaría esas zonas como “zonas de recreación sexual exclusiva para personas adultas”.

Al margen de este debate sobre el nombre que deberían adoptar las conocidas “zonas de tolerancia”, considero que la Corte Constitucional acertó en su decisión de no prohibirlas. Acertó, hizo lo que debía hacer. La prostitución no es una labor delictiva si es voluntaria.

Existen varias discusiones sobre la regulación y reglamentación de la prostitución que no traeré a la luz de la opinión pública porque no son superficiales. El punto en cuestión es si en Colombia se debe o no prohibir la prostitución como trabajo. Esto pasaría por prohibir la mal llamada «zona de tolerancia».

De ninguna manera el prohibicionismo de la prostitución ha logrado resolver las necesidades inmediatas de las personas que se prostituyen. De hecho, lo único que sucede es que la prostitución se pone debajo de un tapete social o en un armario moral. Existen larguísimos debates académicos, morales y filosóficos, que son políticos y que van desde el idealismo de acabar con toda opresión socioeconómica, y con ello, acabar la prostitución por ley.

Y podemos dar discusiones y alegatos por horas desde nuestro pedestal de superioridad moral e intelectual. Lo cierto es que el abolicionismo en las sociedades actuales, y específicamente en la sociedad colombiana, es una infamia por dos razones. Una, porque ubica la prostitución en la clandestinidad y no permite diferenciar entre prostitución voluntaria, prostitución de cuerpo ajeno y tráfico sexual.  Así, despoja de todo derecho humano y dignidad a las personas que deciden hacer ese trabajo y que pagarán sus impuestos igual que toda persona, sin poder hacer uso de sus derechos. O sea, sometidas a ser ciudadanas de segunda clase. Se fortalecerá entonces el delito de lesa humanidad y no habrá control de ninguna manera sobre lo que sucede en “ese mundo”.

Un mundo tan distante y desconocido para las mayorías ciudadanas que se mide desde la moralina o desde experiencias personales de víctimas de prostitución ajena, o desde políticas de escritorio que van en contra del capitalismo, o feministas maternalitas que se creen con el derecho de decir que el cuerpo de todas las mujeres es suyo siempre y cuando no decida cobrar por el ejercicio de su sexualidad.

La realidad no se mide desde la humanidad, sino desde la empatía, desde la comprensión de que en este mundo el capitalismo nos ganó la partida y que cada persona debe decidir cómo ganar su sustento con su propia capacidad, sin robar. Como sí lo hacen algunos políticos corruptos que no responden jamás por el robo a nuestros impuestos y reciben millones de sueldo mensual. Estos, desde sus escritorios, también deciden el futuro de una ciudadanía que desconocen. Lo grave de todo esto es que las únicas personas que pierden son las que se prostituyen en bajo nivel, porque las prostitutas de alto nivel han trabajado toda la vida en secreto. Nadie sabe quiénes son. Siempre las personas de la clase económica más baja son las que pierden con estas absurdas ideas.

La cosa no es difícil de entender: garantizar derechos humanos a las personas que se prostituyen, garantizar su derecho a la vida digna. No sólo el reconocimiento del derecho al trabajo sino todos sus derechos. Lograr establecer  una regulación que permita que trabajen en justicia sin abusos, combatir el delito de lesa humanidad de prostitución de cuerpo ajeno, y por sobre todas las cosas no estigmatizar a quienes deciden hacer del ejercicio de su sexualidad un servicio con ánimo de lucro. Sabemos que si no quieres trabajar en eso nadie te va a obligar a hacerlo y si alguien intenta obligarte eso es un delito que se debe denunciar.

Comparto con ustedes el debate que dimos la politóloga colombiana Vivian Martínez Díaz y yo en el programa Partida W, dirigido por Juan Pablo Barrientos: http://www.wradio.com.co/noticias/actualidad/acerto-la-corte-constitucional-en-no-prohibir-la-prostitucion-en-zonas-de-tolerancia/20190219/nota/3866465.aspx

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