¿Feminista petrista?

Mar Candela
13 de septiembre de 2018 – 10:28 a. m.

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¿Quién es Gustavo Petro? Para mí, el hombre que me reconcilió con la esperanza de una política que diera énfasis a los derechos humanos y que disminuyera la pobreza extrema y la dictadura de la ignorancia.

Un líder social, un intelectual, un humanista, y según él ha dicho, un enemigo de todo tipo de clasismo.

Por sobre todas las cosas, por encima de opiniones acaloradas de sus detractores, Gustavo Petro es  muchísimo más que un senador de tantos en el Congreso de la República. No solo es el líder de la oposición política en Colombia. Aunque es demasiado pronto para decirlo, lo diré porque es la certeza intelectual que tengo: Gustavo Petro, de no funcionar la justicia social en el gobierno de Iván Duque, si no lo convierten en un mártir político más de Colombia y si desvanece la fuerza política de la maquinaria del uribismo, de lanzarse de nuevo a la Presidencia será el próximo presidente de esta Colombia.

Ya sé que están pensando que son demasiados requisitos para que él llegue a su tan anhelado sueño, el sueño de ser presidente de esta eterna patria boba.  Solo les puedo decir que cuando analizamos nuestra realidad de país, podemos entender que la presidencia de Petro no es tan inviable como un trisito más de medio país votante lo considera.

Al margen de las opiniones que ya expuse, me permito escribir como una mujer de las bases, común y nada corriente. Como una nadie que se ha esforzado por encontrar su territorio político. social e intelectual sin ninguna herramienta. económica, política o académica aparte del internet. Me permito hablarles como un feminista barrial. Como la feminista artesanal que he sido por años, como la feminista que entiende que lo personal siempre es político y lo es mucho más cuando se trata de una persona sin ningún poder mayor que el poder de sus palabras.

Voté por Petro y lo volveré a hacer las veces que sea necesario para oponerme a las dinámicas estructurales de un Estado anti derechos humanos.  He caminado con el petrismo lejos del fanatismo que eso implica para muchas personas petristas. He estado con Petro a pesar de Petro porque yo sí sé entender que alguien, aunque sea líder, sigue siendo persona con luces y sombras. He seguido ahí aunque considero que se ha equivocado bastante en sus dinámicas y practicas pedagógicas, en el sentido político de lograr la aceptación política plena para ser el mandatario de esta nación. Sigo pensando que es valiente en ser fiel a sus principios. Y aunque me parece ostentoso que considere que el petrismo tiene más de ocho millones de votos cuando él no llega ni a cuatro millones de seguidores en Twitter y aunque me parezca desagradecido de su parte no reconocer que otras fuerzas ajenas al petrismo le pusieron más de la mitad de sus votos a pesar del petrismo solamente porque queríamos donde los derechos humanos fueran prioridad en la agenda política, aun así, debo decir que admiro profundamente sus principios políticos.

Y quiero recordarle a él, por si lo olvidó, que, aunque yo no voté para que el fuera alcalde y tenía miedo a que fuera alcalde guiada por prejuicios estúpidos, cuando lo fue me sorprendí gratamente de muchas cosas que hizo y por esa razón peleé un espacio en el balcón para hablar; no solo para defender su mandato del abusivo Alejandro Ordóñez, sino para hablar de mujeres putamente libres.

Creo que él ya lo olvido. Cuando digo que peleé ese espacio, hablo literalmente. Un día antes, en un nodo ciudadano, subí a su silla, lo miré a los ojos y le dije: “quiero hablar en el balcón mis temas y, obvio, sobre su mandato”. Me miró a los ojos, me dijo que sí y me dio un apretón de manos. Al siguiente día su asistente nunca contestó el celular. Yo había anunciado en mis redes que hablaría en el balcón y por esa promesa a todas las mujeres que me siguen durante años tuve que cruzar toda esa plaza de Bolívar con 30.000 personas y “coquetearle” a un tonto que me coqueteó con el poder de una escarapela para que me ayudara a cruzar esa plaza. Luego, llegar debajo del puente y por más de media hora gritarle desde debajo del balcón a Petro para que recordara su promesa. Soportar a la policía y la seguridad que me quería quitar de ahí y tirame al piso como una mujer sola, “como la loca Margarita” (la legendaria “loca” del Partido Liberal) y no moverme de ahí hasta que Petro me hiciera subir. No podía quedar como una mentirosa frente a las mujeres que me siguen. Mi palabra no podía quedar en entredicho. Porque yo sí conozco el valor de la palabra.

Logré mi cometido con dolor y tristeza, porque no pensé que Petro fuera a hacerme algo así. Dije lo que tenía que decir e hice visible el discurso que abandero. Fue un espacio guerreado con las entrañas y fue maravilloso demostrarles a las nadie que sí podemos hacer visible nuestra existencia.

Han pasado ya años de eso. Un tiempo después le pedí que viniera a mi programa. Con apretón de mano prometió venir, de eso hace ya más de un año. Le he reclamado por meses –tuve el eco de la voz de Daniel Coronell, de la periodista Catalina Ruiz, entre otras figuras públicas–. Y él simplemente ignoró todo. Un día al interno de mi Twitter me pidió la dirección de donde hago el programa. La pidió para nada. Porque han pasado meses y no ha dado agenda.  Nuevamente su palabra no fue cumplida por voluntad.

Todo esto me cuestiona muchísimo sobre el valor de la palabra. Petro ha pasado bastante de su tiempo criticando a los medios de comunicación más fuertes del país y enfáticamente ha criticado a la famosísima periodista Vicky Dávila, No obstante, con Vicky ha estado muchísimas veces en su programa. Supongo que no viene a mi programa porque considera que no estoy a la altura mediática de sus intereses. Hoy hice mi último trino de reproche público a su apatía conmigo donde abiertamente hice tres preguntas:

1 ¿Qué le da pereza de venir a mi programa? ¿Por qué y para qué me prometió venir si no pensaba cumplir? ¿Por qué, criticando tanto a Vicky Dávila, sí va a sus programas?

Honestamente quiero entenderlo. No quiero pensar que ningunea mi voz solamente porque quiere, puede y no le da miedo, como dicen popularmente algunas personas. No quisiera utilizar la palabra faltón o farsante para describir al hombre que después de muchos años de apatía por la política partidaria me hizo creer que existía esperanza política para mi país. Qué flojera defender el valor de mi voz frente a un hombre del que he admirado su cabeza por mucho tiempo. Digo abiertamente, como se lo dije alguna vez a los ojos: Yo usé el balcón y la coyuntura de su situación política para hacer visible mi agenda y mi agencia por las mujeres putamente libres; no obstante, fue absolutamente honesta mi defensa a su mandato del abuso de poder del exprocurador Alejandro Ordóñez.

Siempre le he hablado a los ojos y lo he hecho sin titubear. No logro entender su falta de palabra conmigo y me pregunto: ¿Con cuántas personas más? ¿Bajo qué criterio cumple su palabra y bajo qué criterio la incumple? También me pregunto, ¿de llegar a ser presidente cumplirá con cada palabra dada en candidatura? Otra pregunta: ¿necesitaré hacer un derecho de petición para recibir alguna respuesta suya así sea una respuesta cliché protocolaria? Y mi última pregunta ¿Por qué las mujeres dejamos que el poder simplemente nos ignore y se burle de nuestro derecho legítimo al reconocimiento de nuestra voz?

* Ideóloga, Feminismo Artesanal

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