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EN DÍAS RECIENTES DOS HURAcanes, ‘Ike’ y ‘Gustav’, azotaron a Cuba. Afortunadamente no dejaron muchos muertos pero sí heridos, destrucción de infraestructuras, de cultivos y de viviendas.
Todos estos destrozos de la naturaleza son muy duros para un país ya empobrecido por el bloqueo comercial que durante cuarenta y seis años le vienen imponiendo los Estados Unidos. Los Estados Unidos quieren hacer una donación, pero los cubanos no aceptan; piden que durante un período de seis meses, si es que no quieren hacerlo permanentemente, se les levante el embargo para poder comprar en los Estados Unidos lo que necesitan sus damnificados. Pero el embargo se debe levantar definitivamente, porque es absolutamente criminal, al estilo de las medidas coercitivas que imponen los EE. UU. a países pequeños, con el pretexto de que son comunistas y, después del 11-S, que son terroristas.
¿Qué tienen que hacer los Estados Unidos en Irak o Irán o Pakistán? Me viene a la memoria la guerra contra Vietnam. Perdieron la guerra contra un país pequeño y pobre, y también perdieron una generación de muchachos que mandaron a combatir y que volvieron en ataúdes, drogados o desadaptados. Si el sistema capitalista es libertad para todos, hasta para hacer lo que en este momento tiene a la economía de los EE.UU. en una grave crisis, y, como consecuencia, a otras economías mundiales, me parece que el capitalismo está enfermo del alma. Están enfermos del alma también los ejecutivos garosos y tramposos, que se robaron y desfalcaron el sistema financiero de la primera potencia mundial. Esa necesidad de acaparar, de consumir sin limitación, que les van inculcando desde pequeños a los estadounidenses, lleva necesariamente a lo que estamos viendo.
Fui a Cuba el año pasado y pude darme cuenta de muchas cosas. Sí hay educación para todos, pero después no hay trabajo; por las calles de La Habana se ve vagar a muchachos entre los 20 y los 30 años. Estuve en los mercados donde compran los cubanos: la comida y la variedad son escasas. Hay médico para todo el mundo, pero es difícil conseguir las drogas. Llegan los turistas del primer mundo y, con consciencia de culpa, les dan plata a los cubanos; entonces ellos piden. Yo vi un pueblo sufrido, adormecido por las consignas comunistas e intimidado por los servicios de seguridad del gobierno, con una mezcla de indolencia caribe —que es agradable— y burocracia socialista. Fidel logró que EE.UU. no se le metiera al rancho y eso es valeroso pero, aunque no lo reconozca ni el régimen ni los mismos cubanos, fue a costa del sacrificio de varias generaciones de cubanos. Los que nacieron en el castrismo no han visto cosa distinta pero hoy, con el desarrollo de las comunicaciones, ya se dan cuenta de que la vida puede ser distinta: libre y amable.
Esperemos que llegue Barack Obama a la Presidencia de los EE.UU. ¡Por fin un presidente inteligente después de ocho años! Y sería de desear que, con el pequeño amago de apertura que se está dando en Cuba y la labor de un presidente de las condiciones de Obama, se levante para siempre el bloqueo a esta bella aunque deteriorada isla del Caribe.