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PARA COMIENZO DE AÑO QUIERO hacer unas consideraciones sobre la movilidad en Bogotá: cada minuto que pasa es peor y ahora con las obras que va a hacer el IDU —que ya comenzaron desordenadamente— y con mayor cantidad de motos, el tráfico se va a enredar aún más.
Y no hay muchas alternativas, porque el Sistema de Transporte Público Integrado está en el tintero y porque va a ser difícil controlar los vicios y mañas de los transportadores: ahí tenemos la guerra del centavo entre los buses; buses que paran donde se les da la gana o donde pueden, porque no hay suficientes paraderos. Tampoco aparecen policías para controlar, o sospechosamente las autoridades están más atentas a las infracciones de los carros particulares (tan sintomáticas de nuestro carácter) que a las del transporte público.
Otro problema, y grande, para la movilidad es el de los zorreros. En una capital con siete millones y medio de habitantes, que tiene ínfulas de progreso, pero un caos vehicular como el de El Cairo (Egipto), no se pueden tener vehículos de tracción animal andando por las calles. Este problema se resuelve buscándoles trabajo a los zorreros dentro del campo del reciclaje. Yo estoy segura de que el Distrito tiene fondos para hacerlo y estoy segura también de que hay gente formada para desarrollar un proyecto donde los zorreros tengan trabajo y sus familias, salud, escuelas y un sitio donde vivir con decencia.
La Alcaldía de Bogotá ha gastado miles de millones de pesos en actos “lúdicos” como echar globos al aire con gente adentro y otros miles de millones en publicidad. Sin duda debe tener dineros para poner a andar un proyecto que les dé trabajo a los zorreros. Se me ocurre que apelando a la Responsabilidad Social de las empresas de aseo privadas con las cuales contrata el Distrito se puede lograr un proyecto común bien elaborado.
También hay zorreros de zorreros. Hay los que trabajan con la Asociación de Recicladores, son juiciosos y tienen a sus caballos aparentemente bien alimentados y descansados. Los otros recogen escombros y mugre, por un pago mínimo, y a las tres cuadras lo botan. Tratan a sus caballos con una sevicia infinita; de esto se ha quejado la Sociedad Protectora de Animales e inclusive el representante David Luna presentó un proyecto de ley para castigar a los maltratadores de animales y, de paso, buscarle solución al problema de los zorreros. Pero me preocupa más el maltrato que les dan a sus hijos y el que se dan entre ellos mismos. Algunos están llevados del vicio.
Es necesario recuperarlos con consejería, rehabilitación y capacitación. Todo esto es consecuencia de una vida en condiciones proscritas para humanos, escarbando basura para vender y con eso tratar de sobrevivir. El Distrito debería darles oportunidades, mejorarles sus condiciones de vida, para que puedan dejar las calles y así contribuir al rescate de un segmento de la población realmente marginado y, a la vez, también resolver uno de los múltiples problemas de movilidad de Bogotá.