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EN EL MOMENTO EN QUE SE APROBÓ en la Cámara de Representantes el referendo reeleccionista, lleno de vicios de forma y empujado con prácticas de compra de votos, hubo euforia de todos los uribistas.
Entonces, si no me equivoco, el Ministro del Interior o alguno de los “honorables” congresistas declaró: “¡Ganó la democracia!”. Inmediatamente se me vino a la cabeza la frase del coronel Plazas Vega, en la retoma del Palacio de Justicia, cuando, como un orate, entró con tanquetas Cascabel al Palacio, disparando indiscriminadamente contra guerrilleros, magistrados y empleados: “Aquí defendiendo la democracia, maestro”. Sí, defendiendo la democracia con todos los muertos que hubo, incluyendo 11 magistrados y un sinnúmero de desaparecidos, sacados de allí, torturados hasta la muerte y enterrados en fosas comunes. ¡Pobre democracia la colombiana, tan vapuleada!
Y este Gobierno la seguirá estrujando y zarandeando con el afán de Uribe de que el referendo reeleccionista pase rápido por todas las instancias, hasta que finalmente llegue a la votación.
Es que la gavilla uribista no tiene vergüenza, y ahora pretende reducir el censo electoral para que sean menos los votos necesarios para la elección de Uribe. Quieren sacar las cédulas de los muertos, lo que no está mal, pero como ha habido tantas trampas, no se nos haga raro que esos mismos muertos terminen votando para que Uribe se perpetúe en el poder.
Esta plaga de corruptos seguirá insistiendo en toda clase de maniobras y seguirá llevándose por delante al Estado Social de Derecho.
¿Qué pasa con la gente: no se da cuenta de esto? Algunos se hacen los anestesiados, porque están comiendo de la mano del Gobierno. Pero otros sí ven, o lo viven, porque cada día que pasa se empobrecen más. Hoy en Colombia hay 21 millones de pobres y 8 millones de indigentes. La brecha entre los ricos y los pobres es mayor. No se han dado cuenta de que el Ejecutivo tiene otras prioridades, como la obsesión monotemática contra las Farc, que se traduce en una guerra con el bolsillo abierto; como el enriquecimiento de los empresarios cercanos al Gobierno; como las políticas asistenciales destinadas a beneficiar a familias pobres, que retribuyen la “generosidad” del Gobierno en las urnas.
Duele ver que todo esto está pasando enfrente de nuestros ojos y, aunque sea peligroso para el que lo diga, es una obligación hacerlo. Si no es ahora, que todavía hay algún asomo de libertad de expresión, si Uribe sale reelegido, este será el paso definitivo hacia una dictadura.
Pero hay un consuelo y es que mucha gente que antes había votado por él ya no lo hará. También espero que en las siguientes instancias por donde debe pasar el referendo para su aprobación final, como la Corte Constitucional, no llegue la mano larga del Gobierno.
Se me ocurre que en vez de hacer marchas contra Chávez en Colombia —eso dejémoselo a los venezolanos— hagamos marchas, obviamente pacíficas y sin arengas oprobiosas, de “No más Uribe”.