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Preguntas

Marcela Lleras
25 de mayo de 2009 – 07:02 p. m.

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HAY MUCHAS PREGUNTAS QUE ME rondan en la cabeza, y no es que a mí sola se me hayan ocurrido, sino que hay gente que se está cuestionando lo mismo.

El presidente Uribe, con la altanería que lo caracteriza, resolvió quitar de en medio a Piedad Córdoba cuando ya estaba a punto la liberación del cabo Moncayo, para que no siguiera haciendo acuerdos humanitarios con las Farc, aduciendo que Piedad estaba utilizando esto con fines electorales. ¿Qué podría pasar si, por esta determinación, las Farc atentaran contra la vida de Moncayo, o en el caso de un rescate de la Fuerza Pública cayera muerto? ¿Se podría culpar a Uribe de homicidio preterintencional al negarse a traerlo vivo de la selva gracias a las gestiones humanitarias de Piedad? Claro que las Farc son culpables del secuestro, un delito abominable como todos los de ellos. ¿Pero debe el Gobierno, o mejor Uribe, quien es la cabeza del Gobierno y de las Fuerzas Armadas, actuar con la misma mala entraña?

En el caso de las ‘chuzadas’ del DAS, que cada vez se vuelve más enredado y más despreciable, los magistrados de la Corte lograron reunirse con el Presidente, a pesar de su silencio torvo, para pedirle explicaciones. Uribe aceptó a regañadientes, porque la mirada internacional está expectante sobre esta y otras situaciones terriblemente contaminadas de nuestro país, y ya se está gestionando, por pedido de la misma Corte a la ONU, que nombren a un relator judicial por las denuncias de espionaje a los magistrados. Después de la reunión el Gobierno ofreció $200 millones como recompensa a quien sapeara a los autores intelectuales de las ‘chuzadas’. ¿Qué pasaría si José Obdulio acusara a Bernardo Moreno, o al contrario? ¿Se haría alguno acreedor de la recompensa? Es tan risible y tan ridícula esta suposición como el ofrecimiento mismo. ¿Es que nos creen bobos? Quiero recordar que el DAS depende del Ejecutivo y sigue sus instrucciones y también sus insinuaciones; si se le metieron al rancho, malo, y si no, peor.

Otra inquietud es por qué a los que no queremos la segunda reelección de Uribe,  que detestamos las mentiras que nos dice y el envilecimiento que se cuece en el alto Gobierno, nunca, pero nunca, nos encuestan. Señores encuestadores, qué tal si nos dan una oportunidad de contestar sus cuestionarios a los que pensamos que Álvaro Uribe no es el único en la faz de Colombia que nos puede gobernar, y que el referendo para su segunda reelección está ensombrecido por prácticas groseras de politiquería.

Está bien que los “quíntuples” hayan hecho un acto para oponerse al adefesio ético de la reforma política propuesta por el Gobierno y hacer que la gente caiga en cuenta de todas las patrañas de los uribistas, lideradas, entre otros, por su ministro del Interior.

Como lo estamos viviendo, la mayor corrupción de Colombia se desprende de la clase política. Por eso es tan importante que quienes tengan aspiraciones en el campo político se vayan despercudiendo y zafando de toda esa porquería que nos ronda.

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