Antes y después del virus

Marcos Peckel
11 de marzo de 2020 – 11:25 a. m.

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Aunque es prematuro predecir lo que cambiará tras el devastador paso del coronavirus, las medidas adoptadas podrían generar transformaciones permanentes en la interacción social. El trabajo en casa y las conferencias, congresos y reuniones virtuales llegaron para quedarse. Las iglesias y los lugares de culto de todas las religiones tendrán que implementar mecanismos para que la gente pueda “comunicarse con Dios” sin moverse de la casa, tal como lo hizo el papa Francisco en su última misa del Ángelus. La gente desarrollará temor a estar en sitios muy concurridos mucho tiempo después de que el virus desaparezca o aparezca la dichosa vacuna. El mismo saludo estrechando manos podrá quedar relegado a los libros de historia. Quizá sea necesario rediseñar los estadios y escenarios de conciertos dejando más lugar entre silla y silla.

El impacto en la aviación no cederá prontamente, habrá menos vuelos y podría resultar positivamente en más espacio entre sillas y entre filas, contrario a la tendencia actual de apiñar a los pasajeros. La industria de los cruceros, que ha tenido un alto crecimiento en los últimos años, pasará las duras y las maduras para recuperarse, asumiendo que lo logra, poniendo en peligro decenas de miles de empleos en naves y tierra.

Restaurantes y cafés tendrán que rediseñar desde los utensilios hasta la ubicación de las mesas. La falta de transparencia por parte de algunos gobiernos en el manejo del Covid-19 les esta pasando factura, especialmente en Irán, donde la epidemia ya se ha propagado por todo el país y el régimen de los ayatolás, que al comienzo mostró una actitud negacionista, se ha visto superado por el virus y las redes sociales que han puesto en evidencia lo que el régimen buscaba tapar.

Anteriores pandemias generaron cambios que hoy en día son normales y estimularon la innovación y la ciencia. La irrupción del VIH dejó como legado el uso del condón. China parece haber aprendido la lección del SARS respecto a la necesidad de compartir oportunamente la información. El primer caso de Covid-19  apareció en diciembre 12, y el 31 ya la Organización Mundial de la Salud estaba al tanto, mientras que las autoridades chinas en 2003 se demoraron cinco meses en anunciar el SARS. Eventualmente el coronavirus se puede volver una enfermedad estacional como la gripe, que cuando irrumpió en 1918 mató a 50 millones de personas, pues en últimas son las multinacionales farmacéuticas las que siempre se benefician de estas epidemias y la cura se convierte en cajitas de pastillas en los anaqueles de las droguerías.

El Covid-19 podría dar al traste con la reelección de Trump, quien aparece vulnerable ante la crisis y a quien esta vez los trinos no parecen alcanzarle para proteger su, hasta ahora, indestructible teflón.

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