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Culminó hace unos días en la capital india la cumbre anual de los Brics, sigla, que no organización, que reúne a las consideradas potencias emergentes o ya emergidas de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Como en la mayoría de las cumbres que se realizan hoy en día hubo muchas fotos y poca sustancia, simbolizada en una nebulosa declaración frente a la crisis siria y el programa nuclear iraní llamando a la “solución negociada”. Lo más significativo, quizás, fue el anuncio de crear en un futuro un banco Brics para financiar proyectos de desarrollo e infraestructura, como un contrapeso al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional.
Los países Brics, que han gozado de un alto crecimiento económico en los últimos años, ocupan el 25% del territorio del planeta, poseen el 41% de la población y sus economías son el 28% del total global, con casi el 50% de las reservas de oro y divisas. El comercio anual entre estos países asciende a 230 mil millones de dólares. Sin embargo, el ingreso per cápita y el índice de desarrollo humano aún están muy lejos de los países desarrollados.
No hay duda de que los países Brics detentan, cada uno por separado, una significativa influencia en sus regiones y en asuntos globales, pero como bloque no han, hasta ahora, articulado una visión común y unificada, lo cual se explica en parte por sus profundas diferencias políticas, culturales y de intereses. India, Brasil y Sudáfrica, que tienen su propio grupo, IBSA, son democracias, y la promoción de los valores democráticos y los derechos humanos hacen parte de sus objetivos globales, lo que no ocurre con rusos ni chinos.
Los conflictos entre los países Brics son numerosos y en diferentes ámbitos. China e India padecen desde hace décadas serios diferendos fronterizos y la presencia del Dalai Lama y miles de asilados tibetanos en la India es una fuente de irritación para Pekín, mientras que la estrecha relación estratégica y militar de China con Pakistán preocupa sobremanera a Delhi. Brasil observa impotente la creciente penetración china en Suramérica, mientras que el África negra está siendo desarrollada desde hace ya años por compañías y empréstitos chinos. Rusia y China compiten por influencia y recursos energéticos en Asia Central y a Moscú le alarma la fuerte presencia militar china en el Pacífico.
Una muy evidente división tiene que ver con la reforma al Consejo de Seguridad de la ONU, del cual Brasil, India y Sudáfrica desean convertirse en miembros permanentes, a lo que China se opone. En los asuntos de la agenda financiera internacional, esenciales para esta alianza, no hay duda de que China es primus inter pares, limitando la influencia de los Brics restantes.
Los Brics tienen además que labrar su anhelado liderazgo entre G7, G8, G20, países influyentes como Turquía, Indonesia y México y un mundo cada vez menos inclinado a aceptar un orden hegemónico internacional, venga de donde venga.