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Varanasi, India. La ceremonia de cremación de los muertos comenzó como siempre al atardecer, a orillas del Ganges, el más sagrado de los ríos en la tradición hindú, tal como ha ocurrido por miles de años en esta ciudad.
En los barrios antiguos de Varanasi, o Benarés o Kashi, las calles no tienen nombre pero sí los amplios escalones que llegan a la orilla del río desde las estrechas callejuelas que conforman esta fascinante ciudadela, en la cual es posible toparse con construcciones de más de mil años de antigüedad junto a innumerables templos enclavados en esquinas, andenes y oscuros recovecos.
Como en toda la India, en Varanasi la pobreza se refleja de manera lacerante en sus calles, familias enteras que deambulan buscando el sustento diario ya sea mendigándolo, ya sea transportando gente en los bicitaxis, ya sea en los basurales, ya sea en otros menesteres, pero nunca sin cesar en la profunda devoción a las deidades que dieron origen a esta gran civilización.
Trescientos millones de personas bajo la línea de pobreza constituyen una de los grandes desafíos que enfrenta India, aunque tres décadas atrás esta cifra era casi el doble. Otro urgente desafío es la catastrófica degradación ambiental en todo el país, incluido “la madre Ganges”, gravemente polucionado con desechos industriales y humanos.
La India, aspirante a una silla permanente en el Consejo de Seguridad, país que ha gozado de un crecimiento económico sostenido superior al 9% durante los últimos años, el mayor proveedor de servicios del mundo, potencia nuclear, espacial y tecnológica, cortejada por las potencias, enfrenta el futuro con desbordado optimismo.
La vibrante democracia imperante en esta nación de amplia diversidad étnica y lingüística y el privilegiar las ciencias y la investigación, constituyen el pilar sobre el cual avanza este país hacia el sitial que le corresponde como una de las más antiguas civilizaciones sobre la Tierra. Una enérgica prensa libre que se ha dedicado en los últimos a años a destapar escándalo tras escándalo de corrupción se ha convertido en el más eficiente órgano de control sobre el Estado.
Adicionalmente encara Nueva Delhi un vecindario complejo. Pakistán, cercenado de la India en 1947 por obra y gracia del imperio británico, poseedor de armas atómicas y con quien ha disputado tres guerras, está al borde del colapso con las graves consecuencias para la estabilidad regional. Un prolongado diferendo fronterizo con China ensombrece las relaciones entre estos dos gigantes llamados a ser el centro de la geopolítica global en la actual centuria.
India progresa y asciende, pero sin abdicar de sus tradiciones milenarias. Ya llega el atardecer y una vez más el Ganges se prepara para otro reverencial rito en sus bancos.