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El discurso de la discordia

Marcos Peckel
04 de marzo de 2015 – 08:17 a. m.

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Pocas veces en la historia diplomática reciente un discurso había causado tanta fricción y análisis antes de ser pronunciado y de conocerse su contenido como el que al momento de escribir estas líneas daba el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ante el Congreso de EE.UU.

 En su discurso, Netanyahu pretendió denunciar el posible acuerdo que se está cocinando entre los países del G5+1 e Irán y revelar detalles que supuestamente no se han hecho públicos, los cuales demuestran que Irán quedaría con una capacidad nuclear bélica que Israel percibe como una amenaza existencial.

Sin embargo, la forma inusual en que se organizó el discurso, a través de una invitación al premier israelí de parte del líder de la mayoría de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, sin coordinar previamente con la Casa Blanca, junto con el hecho de que Israel se encuentra en los últimos días de una feroz campaña electoral y que la ruptura entre el Congreso republicano y el presidente demócrata se profundiza cada vez más, han centrado el debate en la forma más que en el contendido.

Las declaraciones de altos funcionarios de la Casa Blanca sobre la alocución de Netanyahu han trascendido el lenguaje diplomático. “Destructivo”, lo llamó Susan Rice, asesora de Seguridad Nacional. John Kerry declaró que “Netanyahu se equivocó con Irak y ahora lo hace con Irán”. Obama calificó el discurso como “distractor” y como un “error”. Los envalentonados ayatolás en Teherán deben estarse relamiendo ante el espectáculo.

Mucho se ha hablado de la crisis en las relaciones entre Israel y Estado Unidos y la “mala sangre” imperante entre sus líderes, pero la realidad muestra que, más allá de la retórica, poco ha cambiado en la sustancia. Washington sigue protegiendo a Jerusalén con un amplio paraguas diplomático en instancias internacionales, la ayuda militar de unos US$3.000 millones anuales sigue fluyendo y el comercio entre ambos países ha crecido a cifras sin precedentes, unos US$50.000 millones por año. Una relación estratégica iniciada en 1967, tras la Guerra de los Seis Días, y consolidada en 1973 durante la Guerra de Yom Kipur, que ha superado similares desencuentros personales y políticos en el pasado.

En el crispado ambiente político de Washington, el discurso les ha caído a los demócratas como una carga de profundidad, donde algunos sienten que les plantearon la “elección de Sofia” entre dos “hijos” que adoran por igual: Israel y su presidente. El electorado en Israel y la comunidad judía de Estados Unidos también se han fracturado por el discurso. ¿Qué impacto podría tener el discurso en las negociaciones con Irán, del resorte exclusivo de la administración y en las que Obama se juega parte de su legado?

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