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Al igual que las brujas, que existe, existe ese poderoso ente que en la oscuridad, mas no en la clandestinidad, funge como el verdadero poder del Estado, independiente de quien encarne el gobierno de turno.
Una laxa coalición de entidades financieras, servicios de inteligencia, gran industria, latifundistas, fuerzas armadas, hasta confesiones religiosas, puede hacer parte de lo que se conoce como el Estado profundo.
En cada país sus componentes varían de acuerdo con la naturaleza de la sociedad. Algunos promueven el capitalismo puro y duro, otros mantiene un férreo estatismo. Por encima de todo, el Estado profundo defiende privilegios acumulados y derechos adquiridos. Impide que haya libre competencia en algunos sectores y la promueve en otros, controla la nómina oficial, se asegura de que la legislación no afecte sus intereses, se alía con los estamentos de seguridad, en algunos casos incluye elementos del crimen organizado y, cuando la situación se complica, manda a la hoguera al gobierno de turno.
Revoluciones que entendieron que el Estado profundo es el principal impedimento para la implementación de sus políticas la emprendieron contra este con todo, como lo hizo Chávez con las expropiaciones, los despidos masivos en PDVSA, la depuración de las fuerzas armadas, la destrucción de los partidos políticos y la guerra sin cuartel contra los medios. Hoy el chavismo ya tiene su propio Estado profundo: los colectivos, PDVSA, las fuerzas armadas y el PSUV. Éxito similar logró la revolución islámica en Irán, que destruyó el Estado profundo, aniquiló a la oposición, otrora sus aliados contra el sha, creó un nuevo cuerpo de seguridad y hoy tiene su propio Estado profundo cimentado en el clero chiita y la guardia revolucionaria. Deng Xiao Ping, el padre de la China moderna, sostuvo una guerra épica contra el Estado profundo maoísta, encabezado por la “banda de los cuatro” a quienes finalmente doblegó.
En Estados Unidos el Estado profundo es una compleja red que une elementos de Washington con Wall Street, la industria militar, las agencias de inteligencia, las empresas de tecnología y la gran industria.
Aquellas revoluciones que, por ingenuidad o debilidad, no enfrentaron al Estado profundo sucumbieron ante su poder. Los Hermanos Musulmanes en Egipto fueron aplastados tras un año en el poder por el Estado profundo, el mismo que derrocó a Allende, mientras que los sandinistas terminaron pactando. Alexis Tsipras en Grecia parece haberse “asustado” con el Estado profundo europeo y desistió. El Estado profundo opera tanto a la sombra como a plena luz del día, defendido con tenacidad por sus esbirros: abogados, legisladores, políticos, militares, magistrados, lobistas, saboteadores y empresarios.
El conflicto entre Uribe y Santos en nuestro país puede apuntar a un fraccionamiento del Estado profundo, el mismo que depuso a Rojas Pinilla y mantuvo a Samper en el poder.