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Entropía

Marcos Peckel
01 de abril de 2014 – 09:16 p. m.

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En la termodinámica se entiende por entropía el “desorden de un sistema” o la “medida de incertidumbre”, significados ambos que pueden describir el estado actual de las relaciones internacionales.

Este desorden con tintes anárquicos no comenzó con la anexión de Crimea por parte de Rusia. Es un proceso iniciado al final de la Guerra Fría, cuando se rompió el equilibrio sostenido en el balance de poder que existía entre EE.UU. y la Unión Soviética. Era un mundo simple donde los estados se alineaban o los alineaban con uno de los bloques, y aquellos que pretendieron ser no alineados terminaron también succionados por uno de ellos, el soviético.

La entropía aparece al desmoronarse ese balance tras la desintegración de la Unión Soviética, a lo que siguió un período en el cual emergen nuevas fuerzas regionales o con pretensiones globales y se configura el actual mundo multipolar.

Lenta pero inevitablemente el poder se va redistribuyendo. El Atlántico cede su poder al Pacífico, las sociedades, fragmentadas en muchos casos, se empoderan desafiando la otrora inefabilidad del Estado y sus inadecuadas instituciones, la tecnología genera nuevas formas de expresión e interacción, la calle vuelve a adquirir protagonismo y con la excepción de algunos “estados de bienestar”, el divorcio entre la sociedad y el Estado es cada vez mayor.

Adicionalmente irrumpen poderosos actores no estatales: instituciones financieras, cortes internacionales, crimen organizado, terrorismo y otros. Varios estados sucumben ante sus propias fragilidades: corrupción, conflictos internos, intolerancia religiosa y étnica, justicia inoperante y deficiente gobernanza, creando “huecos” en una geografía dominada hasta ahora por la figura del Estado.

Uno de los resultados del desorden global es el lento pero inexorable rompimiento del consenso internacional que se creía se había logrado en asuntos como democracia, derechos humanos e imperio de la ley. Una era en la que parece que el uso de la fuerza sí paga. China hace meses ocupó aguas de Filipinas; veinte años después de la masacre de Ruanda, Siria lleva a cabo un genocidio similar; Rusia se “traga” a Crimea; en Venezuela arrecia la represión gubernamental, y en numerosos países la libertad y la democracia sufren impunemente los embates de regímenes arrinconados, campean los populismos de extremas y los organismos internacionales se paralizan en su mínimo común denominador.

Un sistema internacional algo a la deriva. EE.UU., posiblemente el llamado a cumplir el rol de “ancla”, lo perdió tras dos desastrosas e inútiles guerras, mientras que Europa es presa de sus autoinfligidas debilidades. Quizás sólo las armas atómicas evitan un apocalipsis.

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