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Ginebra II

Marcos Peckel
21 de enero de 2014 – 04:45 p. m.

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Si no hay sorpresas de última hora, debe comenzar en Ginebra, la capital diplomática del mundo, la llamada conferencia de paz sobre Siria.

Aún no se sabe quiénes aparecerán en los salones del hotel Montreux acompañando a los 30 delegados de sendos países, la gran mayoría de los cuales ofician como relleno, en un evento que busca poner fin a este conflicto que mutó de una pacífica protesta de maestros a una guerra con múltiples actores, a un enfrentamiento sectario entre suníes y chiitas y a una desenfrenada barbarie desatada por el régimen contra sus oponentes.

El conflicto sirio representa de manera cruda el fracaso generalizado de la “comunidad internacional” atrapada en una brutal confrontación geopolítica que dio al traste con los mecanismos de protección. Los que sí intervinieron a tiempo fueron aquellos interesados en proteger sus intereses aventando el conflicto. Irán y Hizbolá se han jugado todo a favor del régimen, mientras los países del golfo Pérsico apoyan a diferentes integrantes de la atomizada oposición, hoy compuesta por centenares de brigadas que, además de combatir a Al Asad, pelean entre sí. Siria es la personificación del colapso parcial de un Estado, donde el gobierno central ha perdido el control de amplios territorios pero mantiene dominio sobre la capital y sus áreas aledañas. En la zona controlada por los rebeldes cunde la anarquía, mientras la aviación de Al Asad se ensaña con los civiles.

La conferencia de paz difícilmente va a acabar con la guerra, pues las partes involucradas no tienen interés en hacerlo. El régimen alauita siente el “olor de la victoria” y no se va a detener, máxime cuando cuenta con el apoyo incondicional de Irán, invitada y “desinvitada” a Ginebra, y Rusia. El grueso de la oposición militar no está representado en la conferencia, comenzando por las poderosas brigadas islamistas suníes apoyadas por Arabia Saudita.

La llamada oposición civil representada en Ginebra es un colectivo plagado de divisiones, poco representativa de los que “ponen los muertos” en el terreno. Estados Unidos y sus aliados de Occidente han modificado su postura y no hay claridad sobre qué es lo que buscan, si la salida de Al Asad o su permanencia, como tampoco parecen tener un aliado en la oposición a quien apoyar. Saudíes e iraníes tendrían la llave para reducir, si no acabar, el conflicto en Siria, y por ahora no están interesados.

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