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Itamaraty, entre Silva y Rousseff

Marcos Peckel
30 de septiembre de 2014 – 10:13 p. m.

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Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, se ha constituido en paradigma de una política exterior de Estado profesional, competente, con representantes diplomáticos de carrera que defienden los intereses de Brasil, independiente de quien ocupe la Presidencia de la nación.

Sin embargo, en la era de la globalización, tanto en Brasil como en casi todos los países del mundo, la política exterior es cada vez menos de Estado y más de Gobierno, lo que se ha reflejado en la actual campaña electoral, en la que importantes componentes de las relaciones internacionales han sido objeto de duros debates entre las dos candidatas que, según las encuestas, pasarían a la segunda vuelta el 26 de octubre: Dilma Rousseff y Marina Silva.

Por su tamaño, población, historia, reputación, fortaleza militar y económica, Brasil maneja un complejo entramado de intereses en su política exterior, de lo subregional a lo regional a lo global. Pilares de la política exterior brasileña han sido la integración suramericana, la absoluta no injerencia en asuntos internos de otros países, su aspiración, que de ahí no pasará por ahora, a miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, reforzar el bloque Brics, la relación con los países hablantes de portugués de África y la participación en misiones de paz.

Durante los años de Lula, Brasil adquirió mayor protagonismo en las relaciones internacionales; se fundó Unasur y Celac y hubo acercamiento a Cuba y especialmente a Chávez, convirtiéndose Brasil en el principal soporte del teniente coronel en el continente. Lula intentó, sin éxito, jugar en las grandes ligas internacionales, como fue su fallido intento de negociar con Teherán sobre su programa nuclear o de mediar en el conflicto palestino-israelí.

El tema exterior más contencioso en la actual campaña electoral es, sin lugar a dudas, el futuro de Mercosur, el fracturado bloque comercial que Brasil integra junto con Paraguay, Uruguay, Argentina y Venezuela, cuya entrada al bloque fue una “leguleyada” que debilitó al organismo, el cual actualmente padece de una severa parálisis debido especialmente a las profundas diferencias entre Brasil y Argentina.

Silva afirma que Mercosur tiene anclado a Brasil en el estancamiento económico, por lo que ha planteado la apertura comercial hacia Estados Unidos, la Unión Europea y la Alianza del Pacífico. Su más osada propuesta es que los países del Mercosur puedan establecer acuerdos comerciales bilaterales y no de bloque, como está actualmente estipulado, lo que es anatema para los ortodoxos del Partido de los Trabajadores de Rousseff, que ven en este cambio el fin de Mercosur.

De ganar, Marina Silva podría ser menos tolerante con los atropellos a la democracia en Venezuela y Cuba, lo que le ha valido ser víctima de incesantes ataques en el canal chavista Telesur, mientras que los mercados prefieren la llegada de la candidata ecologista a Planalto, a la continuidad de la actual inquilina.

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