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Desde el final de la Guerra Fría se han firmado decenas de acuerdos de paz para dar fin a diversos conflictos, ya sean guerras civiles, insurgencias o guerras entre estados.
La mayoría de acuerdos han colapsado, otros han generado conflictos de otra naturaleza y algunos, los menos, han prevalecido y creado una nueva y pacífica realidad.
Si una negociación de paz es un proceso extremadamente complejo, no lo es menos el manejo del posconflicto para asegurar que lo negociado se sostenga en el tiempo. Actualmente se llevan a cabo varios procesos de paz: Colombia, Filipinas, Congo, Afganistán, Tailandia y el recientemente reiniciado Israel-Palestina, entre otros.
La firma de un acuerdo acarrea excesiva incertidumbre y hay muchos más fracasos que éxitos. La gran mayoría de las guerras civiles o conflictos internos de las últimas décadas han concluido por rendición o derrota del contrario y no por negociación. Para la muestra, Sri Lanka, donde la guerra de 30 años concluyó con la eliminación de los Tigres Tamiles, o la aniquilación de las guerrillas izquierdistas en el Cono Sur.
Por otro lado sobran ejemplos de fracaso en tratados de paz rubricados: el de Oslo, entre Israel y los palestinos, colapsó en un baño de sangre en el año 2000, así como el de Belisario con las Farc en los 80 o numerosos acuerdos de paz en África, que al hundirse crearon situaciones de violencia mucho peor que la existente previa a los acuerdos.
Son muchos y variados los factores que causan que un acuerdo de paz concluido prevalezca o fracase. Razones para el colapso son, entre otras, la incapacidad del Estado y sus instituciones de mantener las condiciones socioeconómicas y de seguridad producto de los acuerdos, los empeños de las élites en recuperar privilegios perdidos por los compromisos adquiridos o que el poder económico y político lo sigan detentando los mismos que antes.
El seguimiento posconflicto por terceros, organizaciones internacionales tradicionalmente, debe ser rígido y con mecanismos de verificación capaces de forzar cumplimiento y que el costo de volver a las armas sea muy superior al de mantener la paz, así ésta no llene las expectativas de los firmantes, como frecuentemente ocurre.
Éxitos, muy pocos. El Salvador, Irlanda, Bosnia, aunque en el caso del país centroamericano el surgimiento de las maras dio origen a un nuevo conflicto.
Un gran riesgo se corre cuando se acomete un proceso de paz sin que estén dadas las condiciones, lo cual es muy complejo de determinar. Balance militar o cuasi derrota de una de las partes se podría considerar “condición adecuada”, pero no necesariamente suficiente. Bella la paz, pero qué difícil es conseguirla.