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Ropa barata

Marcos Peckel
03 de mayo de 2013 – 06:00 p. m.

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Dantescas las imágenes del edificio colapsado en Dhaka, capital de Bangladesh, donde se albergaban varias fábricas de ropa y que ha dejado más de cuatrocientos muertos, otro tantos desaparecidos y otros más afortunados, rescatados de los escombros. Unos cinco millones de bengalíes trabajan en la industria de la confección en este país, segundo productor mundial de ropa, renglón que constituye el 80% de las exportaciones.

Zara, Wal-Mart, Marks & Spencer, H&M y GAP son algunas de las grandes tiendas y marcas que se benefician con prendas baratas producidas en Bangladesh, donde el sueldo promedio de un costurero asciende a unos 40 dólares mensuales, donde han ocurrido gran cantidad de accidentes industriales, incendios, estampidas y colapsos que han dejado un saldo de miles de muertos, y donde los obreros, en la mayoría de los casos, laboran en talleres en deplorables condiciones laborales, de higiene y seguridad industrial.

Bangladesh goza de preferencias arancelarias en varios países para sus prendas de vestir, lo que contribuye a generar empleo en esta industria que reporta unos US$20.000 millones al año en exportaciones. País de mayoría islámica, con una población de 150 millones de habitantes y uno de los más pobres del mundo, Bangladesh, anteriormente Pakistán Oriental, obtuvo su independencia en 1971, tras una sangrienta guerra de secesión que dejo entre 500.000 y tres millones de muertos y varios millones de refugiados y desplazados.

Extensas partes del país que están debajo del nivel del mar sufren periódicas inundaciones, además de ciclones y monzones que azotan frecuentemente la geografía de esta densamente poblada nación. La política no es más benigna que el clima. El país ha sufrido golpes de Estado, violencia política y el poder está en manos de unas enriquecidas dinastías corrompidas, mientras que más de 75 millones de sus habitantes viven bajo la línea de pobreza extrema, por lo que cualquier empleo, por mal remunerado e inseguro, ayuda a aliviar la trágica situación de miseria de millones de familias.

Centenares de miles de bengalíes trabajan en el golfo y miles de sus soldados hacen parte de las fuerzas multinacionales de paz, lo que significa un empleo digno. El país no puede perder su industria textil, pues es prácticamente su único sustento. Por otro lado, ya hay voces en Occidente que claman por vetar la ropa Made in Bangladesh ante las penosas condiciones laborales. Pero al igual que las multinacionales mineras que por doquier depredan el medio ambiente, las grandes superficies y cadenas de ropa no van a desistir de adquirir ropa barata, sea donde sea. Y los gobiernos ávidos de fuentes de empleo no van a introducir regulaciones que ahuyenten a las multinacionales.

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