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En demasiadas ocasiones se tiende a creer que las organizaciones multilaterales están ahí para solucionar los problemas que los Estados en sí mismos son incapaces de enfrentar. Qué acudiremos a la Corte Penal Internacional (CPI) si no se hace justicia, qué la Organización de Naciones Unidas (ONU) dijo tal o cual, que el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos aprobó las medidas fiscales y monetarias, que la Organización Mundial del Comercio (OMC) nos va a sancionar y así sucesivamente. El multilateralismo parece un receptáculo en al cual depositamos los problemas para que sean resueltos por otros.
El problema es que las organizaciones internacionales siempre han sido forjadas por la geopolítica y cuando esta cambia las organizaciones pierden sus cimientos y comienzan a tambalear. La Liga de las Naciones fue creada tras la primera guerra mundial por las potencias vencedoras -Francia, Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos- para servir sus intereses en el mundo que estaban creando. De igual manera las instituciones multilaterales creadas tras la segunda guerra mundial por las potencias vencedoras -Estados Unidos Gran Bretaña y la Unión Soviética y Francia de colada- crearon el sistema multilateral imperante hasta el día de hoy. Un sistema multilateral que blinda a los grandes de sus acciones ya sean estas contrarias a los mismos principios por ellos fijados y, en teoría, castiga a los pequeños que no cumplen.
Sin embargo, la geopolítica ha cambiado radicalmente en este milenio y los organismos multilaterales están viendo un chispero, incapaces de reaccionar, paralizados, presas de su inflada burocracia, kafkianos procedimientos y excesiva politización. La guerra en Siria se convirtió en el “agujero negro” del sistema internacional en lo referente a preservar la paz y seguridad mundial, su mandato supremo. La Corte Internacional de Justicia nunca lo fue para los grandes que ni cumplen lo fallos ni a ella acuden. La triada suprema, Estados Unidos, Rusia y China actúan en instancias a espaldas de los principios del orden mundial: guerra en Irak sin aval, anexión de Crimea, Abjasia y Osetia y construcción de islas artificiales para reclamar aguas territoriales. La guerra comercial entre Estados Unidos y el mundo estalló sin que la OMC pudiera hacer nada.
La llegada de la corona desnudo aún más la inoperancia de organizaciones internacionales con la excepción calificada de la OMS que por lo menos aparece dando partes y tratando a medias de coordinar acciones. El Consejo de seguridad esta desaparecido, encuarentenado podríamos decir, el G7, el G20 y los demás G´s, ídem.
Los que sí han aparecido y que realmente tienen en sus manos buena parte del futuro de los Estados y la gente son los siempre vilipendiados Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional sin cuyos recursos y acción la catástrofe puede tornarse inmanejable.
Una vez salgamos de la crisis de la corona, no sabemos cuándo, menos sabemos cómo, debería ser el momento en que el sistema multilateral se reinvente para responder a las nuevas circunstancias geopolíticas, económicas y sociales de la humanidad. Debería.