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El debate idiomático de la última semana fue, sin duda, el verbo creado a partir del apellido de Karen Abudinen, ahora exministra de las TIC.
A la Real Academia Española (RAE), a través de Twitter, le llovieron consultas sobre si el verbo «abudinar» o «abudinear» existe o no. La RAE respondió diciendo que —apenas— lo había documentado en textos de redes sociales como un verbo de reciente creación. Sin embargo, muchas personas, incluso medios de comunicación, tomaron eso como sinónimo de la aceptación —sea lo que eso sea— del término por parte de la institución.
Fue una confusión similar a la de «covidiota», palabra documentada hace unos meses en el Diccionario histórico de la lengua española. El tema en ese momento se hizo viral porque «la RAE lo había aceptado».
Varias veces en este espacio hemos insistido en que la RAE —como ella misma lo dice— es una notaria, sobre todo cuando de léxico se trata: la gente habla y las academias documentan, no al revés. De nuevo: es importante tener consensos para que hablemos la misma lengua, pero no le demos a la RAE una función de dictadora o bendecidora que, aunque mucha gente lo sienta así, no tiene.
La existencia del poder colectivo, por ejemplo, es lo que ha estimulado el debate del lenguaje no sexista, y los usos se imponen. No obstante, sabemos que el léxico es mucho más flexible que la gramática (por eso es más fácil crear palabras como «agendar» que asentar un nuevo pronombre). Y también debido a que nadie decreta la lengua, si la gente decide usar «abudinear» y con el sentido que se le ha dado en redes sociales, no hay nada que ni la propia RAE pueda hacer.
mmedina@elespectador.com, @alejandra_mdn