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Vivir en Colombia es ver cómo se despedazan los lobos

Ni el clamor de una viuda, o de mil viudas; ni el de una madre, o mil madres; ni el de un huérfano, o de cientos de miles de huérfanos; ni las palabras de los pastores de las iglesias, de la de Jesús, o de Yahvé, o Jehová, o de Alá, o de Buda. Ni los diagnósticos de los expertos, de los sabios, de los maestros, de filósofos, pensadores o psiquiatras. Ningún clamor es escuchado.

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