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A pesar de saber que nuestras opiniones y actitudes son el resultado de una forma particular de entender la vida, con frecuencia pretendemos que sean la única perspectiva aceptable. La consecuencia es que muchas familias se rompen y los conflictos sociales se profundizan.
Ocurre que frente a criterios diferentes, nos sentimos atascados, paralizados, pensando: “Con esta persona o con este grupo no se puede hablar, son tan diferentes a mí que no logro ver qué es lo que piensan de la vida”. Lo complejo y doloroso es que a veces ese otro al que no entiendo puede ser mi hijo, mi cónyuge, mi líder o mi colectividad.
Lo claro es que la comunicación entre cónyuges, padres e hijos afecta a toda la familia; la de los transportadores y el gobierno afecta el futuro de la nación y la nación somos nosotros. Nuestro futuro personal y social está ligado a entendernos, a resolver los conflictos y las diferencias inherentes a la construcción de la convivencia.
¿Será que podemos considerar que nuestra opinión es una perspectiva valiosa y, al mismo tiempo, abrigar respeto y admiración por juicios distintos? Es útil recordar que nuestras opiniones son una de las posibilidades de entender el mundo. Desde esta perspectiva podría abrirse el camino para encontrar distintas formas de conversar y solucionar los problemas.
Ser capaces de reflexionar acerca de las situaciones, cuando las posiciones se polarizan, es un reto para la humanidad que pasa por ensanchar la creatividad con el fin de encontrar soluciones que contengan los intereses de los involucrados. Las guerras o las soluciones donde la fuerza se impone han probado su peligrosidad y su ineficiencia. Todo conflicto que ha finalizado con un acto de fuerza es sólo el nacimiento de la futura confrontación, en la que el vencido se apertrechará mejor.
En una sociedad como la nuestra y en un momento como el actual, es un imperativo solucionar conflictos y negociar acuerdos que nos permitan avanzar de manera más eficiente en la consecución de las metas comunes; en las familias, buscar formas de comunicación para que las diferencias no desgasten el amor; y en la sociedad, mecanismos de negociación que no desangren las posibilidades de progreso social.