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¡La incertidumbre nos une, las certezas nos dividen!

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Aunque nuestras tradiciones culturales nos invitan a pensar que la felicidad sólo en un momento, ella es nuestro estado natural.

Es por eso, que cada vez que la adversidad nos acerca al dolor, buscamos inmediatamente recuperar la armonía y el equilibrio que la caracterizan.

En la cotidianidad, de nuestro vida personal tanto como de nuestro mundo social, conectarnos con los otros, tener metas comunes y pertenecer a una comunidad nos permite recuperar la felicidad natural; por el contrario, el conflicto, la pelea y el desarraigo nos conducen al sufrimiento.

Por ejemplo, durante las pasadas elecciones en las que cada candidato le apostó atener de certezas que descalificaban totalmente al otro, promovieron divisiones y peleas que llenaron de pesadumbre a los colombianos pero que nos obligan a madurar espiritualmente.

Lo interesante y paradójico es que el rescate de nuestro estado natural de felicidad está ligado a reconocer que toda certeza puede estar equivocada. En sencillo, al dudar de la validez de nuestras versiones, aceptar la incertidumbre ayuda a trascender conflictos.

Hace dos y medio milenios cuando Sócrates fue proclamado como el hombre mas sabio de toda Grecia, el encontró presuntuosa esa afirmación, puesto que el sabía que nada sabía.

El era consciente de que solo vemos aspectos de la verdad, nuestro conocimiento es por naturaleza incompleto. El notaba que, allá y entonces como aquí y ahora, muchas personas que no advierten su ignorancia dan por ”ciertas” ideas que son el resultado de prejuicios y percepciones. En consecuencia, no solo se auto-engañaban sino que confunden a otros.

Un espíritu inmaduro divide a los demás entre los que comparten su verdad incuestionable y los equivocados, es decir aquellos que ven el mundo desde un ángulo distinto.

En este escenario, como la “tranquilidad” viene de convencerse de que uno es el ”dueño de la verdad”, las distinciones sutiles, las contradicciones y las complejidades se eliminan a toda costa. Necesitamos probar a toda costa que tenemos la razón, pues el error jamás será entendido. De esta suerte nos radicalizamos y despreciamos a los otros. Se vive en guerra.

Mientras que al aceptar la incertidumbre, desarrollamos la fortaleza y la humildad para aceptar que la propia sabiduría está limitada por paradigmas, percepciones o historia y entonces actuamos conscientes de que es posible equivocarnos. Pero además, de que si, así ocurre necesitamos que la comunidad a la que estamos unidos nos ayude a corregir.

Este camino en el que incertidumbre nos conduce a valorara al otro, por extraño que parezca nos conduce a la recuperación de la felicidad, y mas importante aún es el fundamento de la madurez emocional y espiritual, solo cuando estamos unidos e integrados reconectamos la felicidad.

María Antonieta Solórzano *

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