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Libre albedrío: ¿premio o castigo?

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Según el relato bíblico, Adán y Eva querían tener el entendimiento del bien y del mal cuando eligieron desobedecer y probar el fruto del árbol del conocimiento.

La consecuencia de la insubordinación fue salir del paraíso terrenal hacia un mundo donde obtendrían el sustento con el sudor de su frente y darían a luz con dolor.

¿Premio o castigo?

En principio, si disfrutar del libre albedrío es necesario pasar por el dolor, parecería una expiación. Sin embargo, ser dueños de nuestro destino hace un mundo a la medida de nuestro entendimiento, que más parece un privilegio que una pérdida.

La vida libre, entonces, se vincula con la autonomía para ir más allá de nuestros límites, la maestría de la voluntad se convierte en la gran tarea que buscamos apoyados en la creatividad y en la posibilidad de convertir las emociones negativas en valores y cultura.

Lo complejo de la situación es que construir ese mundo lidiando con la adversidad nos exige un alto nivel de conciencia, para que no se nos confunda el bien con el mal. Nosotros los humanos todavía somos inexpertos, como aprendices nos equivocamos mucho y buscando esta diferencia hemos desplegado una gran variedad de comportamientos erráticos junto con algunos acertados.

Por ejemplo, si suponemos que el otro es un enemigo, declaramos la guerra ejerciendo una crueldad nunca imaginada por el depredador más salvaje del reino animal. O, en la otra cara de la moneda, hay seres que al optar por el amor se entregan tan magníficamente que nos parecen idealistas imposibles de seguir. Oscilamos, entonces, entre inclinarse por servir a los otros o privilegiar la propia comodidad.

Para ser maestros del libre albedrío necesitamos saber que separar el bien del mal va más allá de nuestras tradiciones culturales y de nuestra biografía personal.

Por ejemplo, durante la colonización española, para los aztecas el sacrificio humano realizado ritualmente por un sacerdote atraía el favor de los dioses. En contraste, los colonizadores veían en esa muerte un sacrilegio y consideraban “santo” matar a todos aquellos que asistieran al ritual. Desde la perspectiva de las creencias culturales todos eligieron el bien.

Al preferir postergar la gratificación en la educación de un niño, los padres pueden tener la intención de fortalecer su capacidad de tolerar la frustración o la de demostrar poder.

Elegir el sentido de cada acción y de la propia vida nos permite ser libres y responsables, habrá quienes optan por el mal y habrá quienes por el bien. Pero, aun así, usar el libre albedrío para establecer nuestro lugar en el mundo nos define como humanos.

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