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Todos podemos estar de acuerdo en que es confiable un padre de familia o un líder que afirme que sus intereses personales están al servicio de los otros. Sin embargo, la sabiduría popular afirma que del dicho al hecho hay mucho trecho. Nos advierte que los seres humanos no siempre convertimos en actos lo que pensamos o intentamos.
Y es que las emociones más inconscientes pueden estar en contravía de nuestras creencias más conscientes. Así, crean una trampa tan sutil que el autoengaño resultante, obviamente, es invisible a nuestros ojos.
Por ejemplo, un padre de familia que honestamente quiere que sus hijos sean libres y autónomos no soporta el miedo que le produce que sus hijos escojan una carrera o una pareja que, en su opinión, no les conviene. Y, mas grave aún, utilice toda clase de manipulaciones y racionalizaciones para evitar que suceda lo que el teme. Adicionalmente, la cultura considera el miedo como una emoción normal, como motivación aceptable para sus acciones.
O que un líder que afirme creer en la democracia y, por lo tanto, en el respeto a la igualdad de oportunidades, sienta miedo de su futuro si se toman decisiones con una perspectiva diferente a la suya. El miedo, el pánico y la ambición le conducirán a acciones incongruentes en las que usará racionalizaciones y justificaciones que él considerará como lógicas.
¿Será que podemos salir del miedo, quitarnos las vendas del autoengaño y construir una vida familiar y social sana? La respuesta es sí, siempre y cuando examinemos cómo las emociones negativas juegan su nefasto rol y tengamos el valor de vivir más allá de nuestros miedos, culpas o vergüenzas.
Tanto nuestro líder como nuestro padre de familia, no perciben el miedo que los invade y menos se dan cuenta cómo el temor los hace traicionarse y traicionar. Si el padre de familia o el líder toman la decisión de acompañar a sus hijos o seguidores en la opción que eligieron, tendrán que enfrentar y transformar su miedo en acompañamiento; tendrán que se atreverse a aceptar los múltiples caminos que la vida tiene y reconocer con humildad que ni ellos, ni nadie, tienen el privilegio o dominio de la verdad. Reconocer que su valor esencial, su solidaridad o su capacidad de respetar, son mucho más hermosos que su ego.
Hecho esto, pueden quitarse la venda, para ver aparecer un mundo donde las posibilidades están por descubrirse, donde el conocimiento acumulado por su experiencia puede dar guía. Sus sugerencias sumarán de manera importante a la construcción de los sueños de los otros.