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Al oído del registrador

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Una decisión de la Registraduría podría alterar de manera drástica el curso de la campaña por la Alcaldía de Cali.

De manera sorpresiva el viernes pasado, la Dirección del Censo Electoral de la entidad estrenó un sistema de revisión por muestreo estadístico, que terminó por invalidar el 60% de las firmas con las que inscribieron sus candidaturas a la alcaldía Susana Correa y Rodrigo Guerrero. Dos candidatos que prefirieron realizar el ejercicio de la recolección de firmas, para asegurar unas candidaturas independientes en medio de un escenario electoral copado por candidatos salidos de las canteras de concejos y asambleas, donde pululan las ya conocidas y deplorables prácticas de la politiquería tradicional.

Guerrero respaldó su candidatura con cerca de 123.000 firmas y Susana Correa con 150.000, cuando se requieren solamente 50.000 para la inscripción. Según la nueva norma, la Registraduría no verifica la validez de la totalidad de las firmas sino que, a través de una muestra aleatoria que se proyecta estadísticamente, certifica o no el número de aquellas que considera válidas. Resulta increíble que un trabajo de recolección de firmas, técnicamente estructurado y administrado gerencialmente, diera como resultado que dos de cada tres firmas fuesen inválidas. Es un resultado estadístico que claramente riñe con la realidad y permite desconfiar de la aplicación del muestreo.

La situación es aún más preocupante porque implicaría que de un plumazo se anularán los efectos políticos de expresiones ciudadanas legítimas. Por esta vía no sólo se ilegitimaría el proceso electoral en Cali sino el sistema de verificación de firmas ciudadanas por métodos de muestreo estadístico. Dadas las implicaciones para la democracia de la sospechosa decisión de la autoridad electoral, los dos candidatos tienen el derecho, e incluso la obligación, de reclamar que la revisión de la totalidad de las firmas se haga una por una, por más engorroso que resulte el trabajo. Se trata nada más y nada menos que de salvaguardar la naturaleza del sistema democrático que se fundamenta en el respeto a la libre expresión de la voluntad ciudadana.

El registrador le estaría poniendo un palo en la rueda a dos candidaturas que jugaban un rol importante en la escogencia del próximo alcalde de Cali. La presencia de Guerrero, un médico con cuarenta años de compromiso con proyectos sociales y de lucha contra la inequidad y la pobreza en Cali, y de los campesinos del departamento con su trabajo en Vallenpaz, había generado una expectativa que, a pesar de su tardío ingreso a la contienda electoral, lo tiene liderando las encuestas, con diez puntos de diferencia sobre sus inmediatos contendores, María Isabel Urrutia por el Polo Democrático y Sigifredo López del Partido Liberal. La realidad de Cali no es para juegos. Una ciudad que aún no encuentra su rumbo y a la que al menos debe permitírsele que la ciudadanía escoja en las urnas, sin interferencias, por quién vota, en unas elecciones ya de hecho complejas en las que participan doce candidatos. Una cifra récord que expresa la difícil y polarizada realidad política de la ciudad.

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