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El plato fuerte de la mesa

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EL SER HUMANO ES UNA CRIATURA de este mundo que tiene derecho a vivir, vivir bien y ser feliz con una dignidad muy especial.

Esta convicción ilumina la encíclica Laudato si —sobre el cuidado de la casa común— que acaba de hacer pública el papa Francisco. Aunque está centrada en el llamado de urgencia a mantener la armonía entre el hombre y la naturaleza, la carta del papa es ante todo una gran lección sobre la ética perdida en el mundo moderno. Una pieza que trasciende las creencias religiosas católicas.

De esa dignidad y de ese derecho a vivir que tiene cualquier persona habló también el asesor de las Farc, Enrique Santiago Romero, a los miles de guerrilleros y a los comandantes que están en camino de dejar las armas. Recordó que se trata de gente de carne y hueso, con padecimientos, quienes han visto morir sus familias y que se alzaron en armas, aunque para muchos sea casi imposible de entender, precisamente para poder vivir en circunstancias dignas, una realidad que sigue sin ser cierta para millones de colombianos. Recordó que los guerrilleros de las Farc son tan víctimas como aquellas a quienes ellos mismos y otros grupos armados ilegales les han generado tanto sufrimiento y dolor.

Este principio, complementado con el de la igualdad, subyace en el debate sobre la justicia en la mesa de La Habana, sin duda el meollo de la negociación. Y esto se traduce de manera coloquial en una expresión que repiten los jefes guerrilleros cuando se les pregunta sobre las penas que están dispuestos a pagar: o todos en la cama o todos en el suelo.

Santiago habló sin reservas de la responsabilidad compartida entre Estado, guerrilla y sectores de la sociedad durante los 60 años de conflicto. De una simetría, difícil de digerir para muchos, entre el Estado y la guerrilla. El Estado, representado no sólo en la institución militar, sino en quienes dieron las órdenes, lo que asciende en la cadena de mando y llega hasta presidentes, ministros, funcionarios y dirigentes del sector privado, de la misma manera como en las Farc toca al secretariado. El fiscal Montealegre fue claro en puntualizar también que, frente a la Constitución colombiana y la justicia universal, todos son equiparables a la hora de cometer delitos, sea desde la orilla de la legalidad o de la ilegalidad.

El debate de la justicia con el coco de la Corte Penal Internacional presente es, pues, el plato fuerte de La Habana. “A cambio de verdad completa, exhaustiva y detallada, se propone acordar sanciones que reparen y restituyan a las víctimas…”. Sin espíritu de venganza, sino de reconocimiento y restauración de los derechos de todas las víctimas, incluida la guerrilla. Para ello se requiere conocer la verdad “completa, exhaustiva y detallada”. Sólo entonces la sociedad iniciará su proceso de sanación. No es la cárcel la que sana, sino la verdad. Es un asunto político y no meramente jurídico. Las cartas sobre la mesa pueden permitir quitarle al debate la emocionalidad que lo ha ahogado para abrirle el paso a los argumentos con la participación de la sociedad toda. Ese sería el gran acelerador que el proceso requiere.

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