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El senador y la senadora

María Elvira Bonilla
12 de diciembre de 2010 – 09:55 p. m.

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LA ELECCIÓN DEL GOBERNADOR del Valle, el próximo febrero, tiene especial significado para el departamento.

Será el termómetro para medir la capacidad de reacción de la ciudadanía y de los líderes locales y regionales frente al poder que ha tenido y que quiere perpetuar el Partido PIN en la región. Quien resulte elegido no alcanzará a permanecer en el cargo ni siquiera un año, pero preparará el terreno para las elecciones de finales de 2011, que definirán el próximo cuatrienio. La contienda está entre dos candidatos: Víctor Julio González y Jorge Homero Giraldo. Este último apoyado por el Partido Liberal.

González inscribió su candidatura respaldado por firmas. Es un viejo recurso que probó con éxito el ex gobernador Juan Carlos Abadía para fungir independencia a pesar de estar atado como nadie al MPU, el partido de su padre y el ex senador Juan Carlos Martínez que mutó a Convergencia Ciudadana y luego al PIN. González ha querido descontaminarse aparentemente del PIN, pero su cercanía es indiscutible. Cuando se retiró de la gerencia de la Sociedad Portuaria fue nombrado cónsul en Colón, Panamá, como cuota política del ex senador Martínez, entonces con un gran peso político en la coalición uribista y determinante en el Congreso para garantizarle la gobernabilidad necesaria a la coalición de gobierno. Es vox populi que los jefes de debate en la sombra son los Abadía, padre e hijo, y que el eventual triunfo de González garantizaría el control de entidades claves para la región, hoy completamente clientelizadas y descuadernadas presupuestalmente, como es el caso de la CVC y le hegemonía del grupo al menos en 20 municipios del Valle.

Lo que no está claro para la opinión publica y resulta incomprensible es la adhesión al candidato Víctor Julio González que han hecho el senador conservador Germán Villegas y la senadora Dilian Francisca Toro, del Partido de la U. Una decisión marcada por el oportunismo, habida cuenta del favoritismo de González soportado por las huestes de Abadía, pero que riñe con la urgencia de devolverle al Valle del Cauca la fortaleza institucional y la posibilidad de reestructurar un liderazgo articulado a un propósito como sociedad y no al manejo personalista y clientelizado en el reparto del botín burocrático y presupuestal del departamento. El Valle del Cauca está llamado a recuperar su vigor y presencia nacional como región, hoy postrado en un momento en el que se requiere aunar esfuerzos para superar los estragos de las inundaciones.

Un comportamiento como el del senador y la senadora produce señales equívocas y desconcertantes. Urge una llamada de atención de las directivas de sus partidos y especialmente de Juan Lozano, quien dice estar empeñado en depurar las filas de la U y vigilar los matrimonios de cara a las elecciones locales. Tanto Villegas como Dilian Francisca Toro saben del significado que tiene para el Valle del Cauca la continuidad del modelo PIN, que probó con creces su inconveniencia con el destituido gobernador Juan Carlos Abadía y no pueden venderse por un infeliz plato de lentejas.

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