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Y FINALMENTE DON OVIDIO DESCANsó en paz.
Pero antes tuvo que someterse al juicio de abogados que, como asesores jurídicos, están en todas partes, siempre con la última palabra, y al dictamen de médicos con vocación más de leguleyos que de sanadores, haciendo interpretaciones legales para no cumplir con su última voluntad. Su hijo, el genial caricaturista Matador, tuvo que intervenir y acudir a los medios y volver pública su desesperada situación familiar en el mismo momento en que estaban devolviendo a su padre de la clínica oncológica de Pereira, dizque por no cumplir con todos los requisitos legales para aplicarle la eutanasia.
Parecía inverosímil que decisiones administrativas, leguleyadas, se le atravesaran a la voluntad única y definitiva de un ser humano: aquella de querer morir para interrumpir el sufrimiento. Sí, abogados colados en el sistema de salud, en clínicas y hospitales, como los hay en todos los rincones de Colombia interviniendo en la vida cotidiana de la gente en un país donde el ciudadano no se puede defender solo, forzado a contratar siempre a un litigante para que lo represente y defienda.
bogados que terminan lucrándose de pequeñas y grandes tragedias cotidianas, significativas para quien las padece.
Esta vez resultaba inaudito escuchar a galenos acobardados frente a posibles consecuencias judiciales ventilando por la radio los padecimientos de don Ovidio para justificar la decisión de no cumplir la voluntad de una persona a quien la enfermedad claramente le había ganado la batalla. A pesar de lo incurable, el médico en la radio intentaba convencer de la existencia de cuidados paliativos por encima de la voluntad escrita de don Ovidio de no querer seguir sometido a un decaimiento indigno. Alegatos jurídicos frente a un moribundo, leguleyadas condicionando una decisión íntima como la última y definitiva frente a la vida y la muerte.
Don Ovidio abrió el camino y se logró la primera eutanasia legal en Colombia. Gracias a él, muchas personas con enfermedades terminales y que soportan intenso dolor podrán tener una muerte tranquila y la eutanasia dejó de ser clandestina porque los hospitales tienen la obligación de proceder en cumplimiento de ese derecho que tiene todo ser humano de autodeterminarse desde sus adentros, sin presiones ajenas. Es el derecho de cada ser humano a asumir sus libertades, un llamado a la reflexión en torno a la dignidad humana.
Don Ovidio estrenó una ley motivada por la dolorosa situación del magistrado Jaime Arrubla, que debió soportar, junto a sus dos hijos, 14 años de postración en coma de su esposa Consuelo, pues al no existir una ley que reglamentara la eutanasia no pudo interrumpir su sufrimiento. Principios constitucionales que desarrolló Carlos Gaviria como magistrado en la primera Corte Constitucional hace casi 20 años, pero que sólo adquirieron forma legal y que acaba de estrenar don Ovidio, un sencillo hombre de Pereira que, como dijo su hijo, vivió y murió con dignidad, demostrando que el derecho a morir bien es tan solemne como el de morir.
Adendum. Por razones de viaje, durante las próximas dos semanas no aparecerá esta columna.