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Engaño, administración desleal, uso fraudulento de bienes y asunción de compromisos y obligaciones que perjudican a terceros de buena fe, son factores comunes de los grandes escándalos financieros, detrás de los cuales hay siempre una compleja red de compañías con tentáculos en paraísos fiscales que son de difícil control, y unos gestores que intentan estar lo más lejos posible de las acciones concretas que otros ejecutan, pero que aprovechan su posición de privilegio para enriquecerse.
Es el caso de los protagonistas centrales de la crisis de Interbolsa-Fondo Premium: Rodrigo Jaramillo y su hijo Tomás, Juan Carlos Ortiz y Víctor Maldonado. La codicia les pudo más que la gestión leal frente a sus inversionistas e hicieron fortunas traspasando los límites del Código Penal, pero a la hora de rendir cuentas han querido presentarse como víctimas.
Primero fue Rodrigo Jaramillo —hoy en arresto domiciliario— y luego Ortiz —cerebro y arquitecto de las arriesgadas maniobras y el entramado empresarial que colapsó a finales de 2012—, que cuando explotó el escándalo dijo que en su condición de socio minoritario no había tenido velas en ese entierro. Hoy libre, negocia con Supersociedades la devolución de bienes con miras a que la Fiscalía le otorgue beneficios y no lo mande a la cárcel.
Ahora Víctor Maldonado se declara socio pasivo de Interbolsa. En entrevista con María Jimena Duzán dice que no participó en la administración y dirección de Interbolsa, que ésta, y no él, manejaba la contabilidad de sus inversiones, que no se benefició de los buenos tiempos y que sólo tuvo un crédito de 21.000 millones de pesos que, aunque no está obligado a pagar, quiere hacerlo pero no ha podido porque Supersociedades embargó sus bienes (Semana, edición Nº 1656).
¿Socio pasivo y víctima de las maniobras fraudulentas de una compañía en la que tenía el 40% de participación? ¿Un millonario desentendido de la contabilidad de sus sociedades? ¿Quiere pero no lo dejan pagar un crédito millonario? Difícil creerlo, razón por la cual consulté con conocedores del caso y la conclusión es que Maldonado falta a la verdad.
Fue el accionista que más plata recibió para comprar acciones de Fabricato, bajo el nombre de “cliente A” con el que figuraba en la contabilidad de Interbolsa. Según declaración jurada de Alba Luz Hoyos, miembro de la junta directiva de la firma, ante la fiscal Alexandra Ladino, cabeza del equipo de investigación del caso, él y otros cuatro accionistas concentraban más del 70% de los créditos para la compra de acciones.
El acuerdo de pago no se ha concretado porque, según el interventor Alejandro Revollo, Maldonado pretende pagar con bienes que no son de su exclusiva propiedad o están sobrevalorados, y porque ocultó su participación en dos empresas con sede en Panamá —South Hall y Sumo—, que también recibieron créditos de Premium para comprar acciones, mediante la figura de ‘cuentas en participación’ con Andean Capital, cuyos socios gestores eran Ortiz y Tomás Jaramillo.
Sí participó en el manejo de Premium. Las investigaciones revelan que los recursos captados en Colombia con destino a ese fondo, eran administrados por Global Advisors Investment Management (Delaware), cuyos socios eran él, Ortiz y Tomás Jaramillo (30% cada uno). Liquidada la sociedad en mayo de 2013, cuando ya había estallado el escándalo, Maldonado no les informó del asunto a la Superfinanciera y a Supersociedades, que se enteraron por un auditor de sistemas del grupo de investigadores, que lo descubrió en archivos encriptados de Interbolsa.
¿Y Tomás Jaramillo qué? Puso pies en polvorosa. Apuesto a que no regresa.