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CULTURA DEL ACTO DE TERROR. SITIO: calle 82, carrera 9ª. Escena: explosión, mezcla de delincuencia común y de fanatismo.
Dos muertos, víctimas inocentes, reacciones pidiendo mano dura. Conclusión: patético ejemplo. Si son las Farc, el secretariado está fuera de órbita o ya no tiene control sobre sus militantes.
Cultura mafiosa. Sitio: La Hormiga, Putumayo. Escena (años ha): calles destapadas, andenes abarrotados de pequeñas plantas eléctricas (una por puerta), ruido infernal, almacenes repletos de electrodomésticos. Conclusión: ostensible ejemplo de cómo el gasto privado acaba con el desarrollo de lo público.
Cultura del “mientras a mí no me toque”. Sitio: Bogotá, Plaza de Bolívar y alrededores de la Fiscalía. La “familia” DMG protesta y pide que suelten a David. Muestra impresionante de “solidaridad”. ¿Con el que facilitó la obtención rápida de dinero? Pero se ha mermado el entusiasmo. Claro, como ya no hay pirámide. Conclusión: codicioso ejemplo de cómo la ganancia individual determina la protesta colectiva.
Cultura de la imagen transparente. Sitio: Invías. Escena: rueda de prensa del Director. Estilo: “Soy un berraco atarván”. Le hace pistola a quienes se oponen a su moral y suelta la frase grandiosa: que lo acompañen el zar anticorrupción, la Presidencia (sic), la Contraloría, la Procuraduría. Conclusión: vitrinero ejemplo de cómo ciertos funcionarios se vuelven héroes del paseo.
Cultura del alacrán. Sitio: Bogotá. Escena: filas interminables de automóviles estancados. Velocidad: tres kilómetros por hora. Se “descubre” que el número de carros vendidos supera la capacidad de la red vial. A los automóviles matriculados en Bogotá y que pagan los correspondientes impuestos, se suman los matriculados en los municipios vecinos, para evadirlos. Pero la situación se vuelve tan insostenible, que hay que hacer algo… mientras se amplían las vías… para que haya más carros. Conclusión: ejemplo con moraleja de cómo el alacrán privado termina picándose la cola.
Con razón la costosa campaña publicitaria sobre nuestro país, transmitida a todo dar por la CNN, les revela a los futuros turistas visitantes (¿alguno de los dos millones seiscientos mil gringos que han perdido su empleo?) que el único riesgo que corren es quedarse.