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Escarbando

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MÁS ALLÁ DE LA VITRINEADA DE CArátula a Julito y compañía, el destape de la revista Semana no se limitó a repetir lo que ya se sabe (chuzada de magistrados de la Corte, políticos y periodistas). Aporta una investigación que requirió esfuerzo propio, como las buenas investigaciones periodísticas de Norbey Quevedo y de la redacción judicial de este diario.

Mas allá del ego alborotado de quienes se sienten héroes por el asunto, ¿en qué punto se encuentra el tema? Veamos.

1) El DAS está “fuera de control”. 2) Funcionarios del Palacio de Nari se saltaban al director del DAS y pedían que se  hiciera el favor de chuzar. 3) Se encontró “normal” que el subdirector de inteligencia sugiriera el nombre de quién lo iba a vigilar, es decir, hacer contrainteligencia. 4) En el DAS se vendía, además, información a los ‘paras’ y a la guerrilla (aclaro que no todos los funcionarios del DAS son corruptos. Los hay valientes, que arriesgan su vida todos los días). 5) El asesinato de Andrea Flórez fue considerado por Contrainteligencia como “un crimen pasional”. 6) La comisión nombrada por el Gobierno produjo un informe, pero el Gobierno (cuya cabeza es el Presidente) hizo poco más que nada.

Más allá de este piso firme y del ruido que satura:

Si todos estamos de acuerdo con que las chuzadas son ilegales cuando no hay orden judicial, ¿no debemos medios y periodistas abandonar esa dependencia de  chuzadas ajenas?

¿Qué quería decir Juan Manuel Santos cuando dijo: “No es chuzado nadie que no merezca ser chuzado”?

¿Por qué, si el DAS depende de la Presidencia de la República, el Ministro de Defensa dice que debe desaparecer?

¿Quién le cree ya a la estrategia gubernamental de distraer la atención del meollo de los asuntos, como cuando Bernardo Moreno y Valencia Cossio afirman que todo es producto de una conspiración mafiosa que busca ensuciar al Gobierno?

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Sobre otro tema : ¿Qué saca mi admirado Héctor Abad con estigmatizar, utilizando el genérico “conservadores”, y con estereotipos que reflejan rabias viscerales cuando ya parecían superadas? ¿No tenemos suficientes odios y pasiones que lidiar? ¿No sería mejor ponerles nombre propio a esas descripciones en vez de revolver a “justos y pecadores” bajo el manto de una intolerancia laica o atea, que también existe?

mariateresaherran@hotmail.com

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