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¿POR QUÉ SÓLO ACUDIMOS OCHO DE dieciséis panelistas a una reflexión ética con colegas y estudiantes, promovida por el Círculo de Periodistas de Bogotá en la U. Jorge Tadeo Lozano? ¿Por qué los ausentes habían confirmado su asistencia? Las razones pueden ser en unos casos válidas, y en otros no.
De todas maneras, hay en el incumplimiento, además de egos alborotados, una falta de respeto por el otro y por lo colectivo. La tapa fue José Obdulio Gaviria, el mismo que acusa a la Corte de volverse un “partido político” (sic). Le dijo al director ejecutivo: “Ya voy para allá, estoy en un trancón”, y luego apagó su celular, mientras los del primer panel tuvimos que esperar en vano su llegada para empezar. Es evidente el contraste que hay entre el citado y, por ejemplo, Ricardo Galán, cuyos análisis se pueden o no compartir pero en todo caso, rigurosos.
El Foro contribuyó a lo que parece muy necesario ahora: un norte ético sobre el papel del periodismo, todavía muy difuso, al menos entre los que esgrimen micrófonos como armas, utilizan los medios para sus intereses particulares o sus obsesivos prejuicios, como que la noticia es para adular o poner a pelear a la gente. Buena parte de la polarización del país se debe a que los periodistas, casi siempre con la complicidad de las fuentes, atizan pasiones encontradas.
A mi modo de ver, la reflexión ética tiene que hacerse a punta de preguntas, no de afirmaciones, y basarse por lo menos en tres aspectos: el trabajo del periodista que le llega al público, su buena fe y la necesidad de sopesar los distintos valores: ¿comerciales o de búsqueda de la verdad? ¿Proteger la honra o necesidad de denunciar? Así mismo, la evaluación ética debe hacerse tanto de periodistas como de fuentes. Por ejemplo ¿Por qué es válido que periodistas utilicen filtraciones y chuzadas ilegales pero se indignan cuando un gobierno chuzador hace lo propio con el periodismo?
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A propósito, un tema que también tiene que ver con la ética: el lenguaje. Con evidente razón, Felipe Zuleta planteó en el foro: ¿por qué se sigue utilizando la blanda expresión “falsos positivos” cuando se trata de monstruosos crímenes de Estado?