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LA “PIRAMIDITIS”, EPIDEMIA SOCIAL mediante la cual los de abajo terminan por pagar el pato, tiene características especiales en Colombia.
A la pirámide como manera ilegal de captar ahorro de los ilusos o ventajositos y que termina irremediablemente afectando a los más pobres, se le puede agregar la pirámide del caudillismo político.
¿Cuál es la receta? Sencilla: cúrese en salud y distánciese de los funcionarios de rango inferior que en el momento en que tocaba no supieron o no pudieron tomar las decisiones. Sáquelos a las patadas y mucho mejor frente a los micrófonos, pues eso lo reafirmará como persona que sólo procura el bien de la Patria y trabaja, trabaja, trabaja. Dése golpes de pecho con cara de “yo no fui”, asumiendo la culpa, la culpa, la gravísima culpa.
Expida decretos y declare emergencias que sólo tendrán vigencia en el futuro, con lo cual logrará tapar la ineficiencia de su pirámide caudillista.
Reaccione de inmediato a lo tardío para lo que se diluya en los ímpetus del presente. Abuse de la facultad que tiene como Presidente de la República para utilizar el espectro electromagnético. Convierta un consejo comunitario en un reality show de “alocución pedagógica” con los medios audiovisuales, que se encadenarán cuando y como Su Merced ordene. Como parte del set, incluya al juiciosito fiscal.
Ya que al sistema financiero le importa muy poco lo social más allá de los apasionados corazoncitos de su publicidad, refiérase en futuro incondicional a todo aquello que su pirámide carismática no logró.
Y para desinstitucionalizar más al país, en vez de asumir la responsabilidad directa del cargo en relación con la vigilancia y control de los recursos captados del público como lo ordena la Constitución (art. 189 ), juéguesela personalmente ante sus conciudadanos, dialogue sin dejar hablar a la gente, confíe en su escudero para que las llamadas que recibe sean las buenas, haga de maestro de escuela y coordinador de preguntas y respuestas sobre entidades estancadas por ese esquema piramidal en el que, allí también, los que más terminan perjudicados son los más pobres.