Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
POLICÍAS Y MAESTROS ERAN MENOSpreciados por una sociedad que valora sobre todo el dinero.
La serie televisiva Francisco el matemático y distintos premios resaltaron la mística, las innovaciones, el sentido social, de los educadores. A eso se le suma el encadenado profesor Moncayo, porque de él emana una sabiduría tranquila y un innato sentido de lo pedagógico (¿lo perderá como senador?).
En cuanto a la Policía, después de recalcarle sólo la faceta negativa de corrupción de algunos de sus miembros, se le aprecia ahora como lo que debe ser: protectora de la ciudadanía. Buena parte de esa percepción colectiva se debe a su valentía, a la manera insensata como se ensañaron tanto los narcos (“maten a un policía por día”, ordenaba Pablo Escobar) como la guerrilla, y a su acercamiento a las comunidades. Pero también, a una eficaz campaña publicitaria, al vitrineo incesante del general Naranjo y, como toda institución, a su presencia en los medios. Eso está bien, siempre y cuando la propaganda no supere la realidad, o lleve a distorsionarla en forma perversa, como sucedió con los falsos positivos, en el caso del Ejército.
Primera señal de alarma: que la Policía utilizara el símbolo del uribismo, un corazón apasionado con el lema “Policía Nacional de los colombianos, todos con el mismo corazón”. Mejor eficiencia a corazón. Otro síntoma más preocupante: cierta tendencia a autoalabarse. En el primer periódico señalaban tanto los aspectos positivos (récord histórico en la reducción del secuestro, derrota al terrorismo) como los negativos, de tendencia descendente pero todavía a niveles de 1986-87 (hurtos y homicidios); en períodos que iban de 1978 o 1994 a 2008. Tercera inquietud: en el periódico número dos, de diciembre, al señalar los “logros en la reducción del crimen”, las estadísticas son sólo las positivas. Y lo que es más grave, el período va de 2002 a 2009, los mismos dos períodos del presidente Uribe. ¿Mera coincidencia?
De allí a la propaganda política sólo hay un muy tenue lindero, que ojalá no se traspase.