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El malabar de las casas gratis

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Tal vez porque la política finalmente no se diferencia demasiado de la prestidigitación, no se sabe bien si fue el gran expresidente estadounidense Abraham Lincoln, o el famoso dueño del circo Barnum & Bailey Circus, P.T. Barnum, el que dijo: “se puede engañar a toda la gente por un tiempo, o a parte de la gente todo el tiempo, pero no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo”.

En todo caso, hay que recordarle la cita al jefe de nuestro propio circo tropical, Juan Manuel Santos, ahora que, luego del bajón de popularidad, trató de ganarse unos rápidos aplausos, sacándose un ministro Vargas Lleras del sombrero con el encargo de darles casa gratis a cien mil colombianos. Es una promesa que sobre todo pone a soñar a los habitantes más pobres de las ciudades, entre los cuales, según el censo de 2005, hay 1,2 millones sin casa y otros 2,6 millones con viviendas precarias.

Que el súbito giro populista fue improvisado, se cae por su propio peso. De repente, el ministro de Hacienda también jaló un conejo de la manga y dijo que sólo era destinar 4 billones del presupuesto, un monto que más que duplica todo lo que el país recibió en 2011 de regalías mineras. ¡Puf! Así de fácil.

Con estrategias como esta de “control del daño”, como le dicen los expertos imagólogos al arte de manipular la opinión, hasta ahora el presidente había salido relativamente indemne de las malas noticias, aun esas que nos asustan, como que la extorsión está otra vez en alza o que la guerrilla arreció sus ataques.

Pero a esta última movida, quizás por lo obvia, se le corrió el maquillaje. Senadores de corrientes diversas nos recordaron que según el Plan de Desarrollo original de Santos, la meta era construir 526.000 viviendas de interés social y que bajo esta administración sólo 17 mil colombianos han construido su casa con subsidios oficiales. Ya el Gobierno respondió que ha dado 131.632 subsidios, aunque no dijo cuándo espera que éstos se conviertan en techos de verdad para los necesitados. ¿Entonces las cien mil casas gratuitas son en lugar del medio millón con sólo una parte subsidiada?, se preguntaron con razón los escépticos.

Con todo y críticas, puede que la treta de ilusión funcione por ahora. Casa gratis más ministro simpático: receta segura para ganar puntos en la próxima encuesta. El lío va a ser en un par de años. Administrar un tremendo proyecto de vivienda gratuita con el enrarecido ambiente ético que se respira en la política local es un gran desafío. ¿Cómo asegurarse de que los ejecutores de los planes, los políticos locales, hagan de verdad las casas, que las hagan bien y no se caigan al primer aguacero? ¿Cómo evitar que los 4 billones terminen en un carrusel de contratistas amigos y los destechados queden con su casa en el aire?

El desafío será mayor si se tiene en cuenta que la simpatía del ministro Vargas es sólo el lado más amable de su historia. Él es un clásico político cachaco, equilibrista de la cuerda floja entre una práctica clientelista que admite casi a cualquier aliado (hasta un exgobernador prófugo) y una teoría que promueve la modernización.

Por eso quienes salieron a augurar que el proyecto iba a favorecer la reelección de Santos se apresuraron. Una cosa es prometer cien mil viviendas y otra muy distinta es construirlas y conseguir que sean para los más pobres. Olvidan que en la política, a diferencia de los circos, a los malabaristas nadie les da aplausos de consolación cuando se les caen al piso todos los bastones.

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