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Fútbol más acá del Mundial

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Andamos por estos días sacando pecho porque por fin Colombia pudo volver a un Mundial de Fútbol.

Casi nada nos alegra tanto como cuando colombianos se lucen ante el mundo. Mejorar nuestra imagen internacional es casi una obsesión colectiva, así ésta no esté acompañada de una mejoría en la realidad de fronteras para adentro.

No obstante, esta vez, al tiempo que Pékerman y la selección se iban acercando a Brasil 2014, miles de colombianos andaban empeñados en convertir al fútbol en una fuerza de paz, un camino para enseñarles a los jóvenes a descubrir lo que son capaces de hacer cuando trabajan en equipo, para que aprendan a ser solidarios, a sacar lecciones cuando se pierde y no perder la cabeza cuando se gana.

Más de 200 personas de todos los ámbitos del deporte, desde las propias barras hasta la Comisión Nacional de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol, creada por ley en 2009, pasando por aficionados, futbolistas y funcionarios municipales, bajo el impulso del Mininterior, trabajaron a lo largo del año pasado en un plan para que en los próximos diez años el fútbol progrese desde los barrios hasta los estadios en un ambiente tranquilo, positivo, creativo e igualitario.

Clave ha sido el aporte de tres organizaciones sin ánimo de lucro que le han puesto el hombro a este proceso: ConTexto Urbano, con su metodología de “fútbol por la paz”; Colombianitos, iniciativa de Patricia Janiot, conductora de noticias de CNN en Español, que busca abrirles alternativas a los niños que viven al borde de la drogadicción y la violencia con educación y deportes, y Tiempo de Juego, una pasión del periodista Andrés Wiesner, que ha conseguido entrenar en fútbol a más de dos mil niños del paupérrimo Cazucá en Soacha y del barrio Santa Rita en Cartagena. Todas están afiliadas a la red mundial Streetfootballworld, cuyo lema es “Fútbol para el cambio social”, con asiento en Berlín pero nacida en Medellín como una reacción contra el asesinato del jugador Andrés Escobar en los noventa.

Construido en colectivo, el plan decenal ha recogido ideas novedosas. Por ejemplo, crear una organización civil que actúe como defensoría del hincha, velando porque se respete la cultura de las barras populares y que garantice que los hinchas se puedan mover libremente por todo el territorio sin ser agredidos, entre otras cosas.

De allí también salió la propuesta de hacer un concurso entre barras. Y Wiesner, con Tiempo de Juego y RCN Televisión, la aterrizaron en un concurso que sacarán al aire el próximo febrero. En éste, las barras competirán con lo que hacen bien: componiendo canciones, diseñando banderas, atuendos y páginas virtuales e impulsando labores comunitarias. Quien gane por su habilidad artística y su capacidad de brillar en paz recibirá un respaldo institucional grande para que el impacto de la barra crezca.

La combinación de todas estas energías transformadoras de la actual situación del fútbol colombiano va a resultar en estadios donde vibre la emoción sin violencia, y mejores jugadores y más mundiales con la selección nacional. Pero más apasionante aún, está arando un campo en el que jóvenes inteligentes y con dotes de liderazgo de los barrios populares esquiven ese sino de violencia y crimen que hoy les traza una sociedad prejuiciosa y desigual y, en cambio, florezcan con todo su potencial.

Así da gusto que el país brille afuera, porque proyecta una imagen real de las cosas que están mejorando por dentro. Lo demás, los falsos orgullos porque un colombiano, generalmente solo y sin ayuda de nadie, triunfó en el exterior, es consuelo de tontos.

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