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¡POR FAVOR SEÑOR EX PRESIDENTE, no pique más pleitos, ni empequeñezca su potente patrimonio político! La paranoia es pésima profesora.
Perturba el pensamiento. Su persona no es Pablo, ni está usted perseguido por los pepes. Los periodistas que destapan podredumbres no pertenecen a ninguna plana de mafiosos, ni quienes les publican son por ello, demócratas impostados.
Pondere el panorama: fue un presidente que compelió a las Farc de la prepotencia a la penitencia; de estar prestos a las puertas de Anapoima, sus panzones protocomandantes perdieron peso, y volvieron a patear selva en el perímetro más apartado. Y a los militares tramposos que pisotearon plebeyos para apuntarse positivos postizos, los puso de patitas en el pavimento. Con apoyo del psiquiatra Restrepo, paró el aparataje de pavor paramilitar y les pateó el pompis a sus jefes poniéndolos a pagar prisión perpetua en predios del Potomac.
Tal paisaje en apariencia pacífico, y una política a postas desprendida para provocar potentados empresarios extranjeros, hizo que trajeran pilas de pesos al país, como no se había percibido desde los tiempos de la apertura.
Por todo eso salió aplaudido del Palacio, con los porcentajes de popularidad en pico. Prestigioso, apreciado, no pocas pruebas había superado el prohombre que ocupa su personalidad. Parecía haber oprimido por fin su yo patético. Ese que posiblemente proviene de un párrafo opaco de su pasado y lo puso a proteger a un primo patibulario, y a imponer para-personajillos en puestos públicos perentorios. Ese que lo predispuso a apoltronarse en el poder, la peor pifia de su Presidencia. Ese, que lo hizo pensar que el país no podía prescindir de sus proyectos, que era profeta, y no un presidente republicano cuyo poder pende del pueblo. Esa postura, de prevención permanente contra quien polemizara con su predestinación, puso a los suyos a prestar oídos a hurtadillas, a perseguir importantes juristas, opinantes y opositores; con un Papa propenso a las pataletas, se volvieron más papistas por pequeñez, apetito de poder o pura picardía.
Tan pronto puso fin a su Presidencia, el premio de una poltrona en la posteridad parecía posible para usted. ¡Pero no! La paranoia pasó a la palestra. De repetir y repetir la profecía de que los discrepantes agazapados los aplastarían, usted, el palaciego Obdulio y otros de serpenteante patrón, están produciendo que ésta se plasme. Por eso, a cada pulla o parodia, pronuncia usted pomposas palabras en la plaza planetaria, y a cada providencia, perturba usted los procesos penales con pronunciamientos destemplados, cuando no con apretones de oso polar como el que le propinó a Pilar con su palancazo en Panamá. Y a pesar del palo que le propinó a Piedad por lavar trapos propios en países ajenos, predica prejuicios parecidos hasta en la Patagonia.
¡Pacifíquese usted señor ex presidente! Sus tres huev itos son, en lo más puro, también los preferidos del Presidente actual, aunque su proceder sea más altiplanesco y diplomático: parte poderosa del presupuesto va para la pelea; perforación minera mata páramos, y permanecen otras perlas permisivas para captar capitales; y el pugilato contra la pobreza, se proyecta por ahora sólo en papel, sin perturbar privilegios, ni politiquería.
¡No dé más papaya! Deje que quienes fueron dependientes de su Presidencia se protejan por su cuenta. Sus polluelos ya son gallos, permítales pelear sus propias peleas. Póngase más bien a apoyar a sus paisanos pobres del Ubérrimo, pues lo que no perdieron con la parapolítica, lo pudrió el pavoroso temporal presente. Y piense que si pretende ser un patriarca del porvenir, tiene que escribir la P de Presidencia y de Patria con mayúscula, y no con la p minúscula de pendencia, pugna y porfía.